El 7 de mayo de 2026, el Ministerio para los Servicios Penitenciarios informó con frialdad administrativa que Víctor Hugo Quero Navas había fallecido el 24 de julio de 2025 en el Hospital Militar Carlos Arvelo de Caracas. La noticia llegó nueve meses después de su muerte, dieciséis después de su detención arbitraria, y solo cuando la presión de organizaciones de derechos humanos y la viralización en redes sociales hicieron insostenible el silencio estatal. Mientras tanto, su madre, Carmen Teresa Navas, de 83 años, recorría por sexta vez las puertas de El Rodeo I preguntando por el paradero de su hijo. El comunicado llegó sin obligación moral, sino por presión pública.
Víctor Hugo Quero Navas, de 51 años, era un vendedor de pantalones en el mercado de La Hoyada en Caracas, conocido entre amigos como "el Ruso" por sus rasgos claros. Era el sostén económico de su madre anciana, a quien pagaba medicinas, alimentos y gastos del condominio. El 1 de enero de 2025, funcionarios encapuchados de la Dirección General de Contrainteligencia Militar lo detuvieron en Plaza Venezuela cuando llevaba hallacas y bombones para celebrar el Año Nuevo. Los acusadores lo imputaron de terrorismo, traición a la patria, asociación para delinquir, conspiración y vínculos con la CIA. Un vendedor de jeans acusado de ser espía internacional: el absurdo como método sistemático de represión.
Durante dieciséis meses, Carmen Navas recorrió cárceles, tribunales, CICPC, Ministerio Público y Ministerio Penitenciario en busca de respuestas. El 24 de octubre de 2025, la Defensoría del Pueblo le informó por escrito que su hijo había sido trasladado a El Rodeo I el día anterior. Sin embargo, para esa fecha, Víctor Hugo llevaba tres meses muerto. Según denuncias del dirigente de Voluntad Popular Carlos Azuaje, fue torturado y subsistía con una dieta que agravaba problemas gástricos preexistentes. El Ministerio reconoció que fue trasladado al hospital el 15 de julio con hemorragia digestiva y síndrome febril agudo, después de meses de maltrato carcelario.
La muerte de Víctor Hugo Quero Navas no es un caso aislado sino un síntoma de la sistemática represión estatal que ha cobrado vidas bajo custodia. Su fallecimiento expone la burocracia asesina que caracteriza al régimen penitenciario venezolano y la deuda pendiente que la transición democrática tiene con los presos políticos y sus familias. María Corina Machado, Premio Nobel de la Paz 2025, resumió lo ocurrido con tres verbos que no admiten eufemismo: "Lo detuvo el régimen. Lo desaparecieron. Lo mataron." Su historia exige memoria y justicia.
Fuente: La Patilla — Ver nota original