El Departamento de Energía de Estados Unidos anunció el viernes que, gracias al liderazgo decisivo del presidente Trump, se han removido 13.5 kilogramos de uranio enriquecido de un reactor de investigación heredado en Venezuela. La operación conjunta, que involucró al Reino Unido, Estados Unidos y Venezuela, fue descrita como "una victoria para América, Venezuela y el mundo". El uranio fue extraído de un sitio ubicado a 15 kilómetros de Caracas y transportado de manera segura por tierra y mar hacia América del Norte, siendo finalmente trasladado a un complejo del Departamento de Energía en Carolina del Sur.
Esta acción representa un giro significativo en las relaciones diplomáticas entre Washington y Caracas. Después de la controvertida orden de Trump de capturar al presidente Nicolás Maduro el 3 de enero, la Casa Blanca ha reconfigurado sus vínculos con los antiguos adversarios venezolanos. Trump ha reconocido a Delcy Rodríguez, vicepresidenta de Maduro, y ha comenzado a abrir el país a empresas estadounidenses de energía y minería. Varios altos funcionarios de Trump, incluyendo el director de la CIA John Ratcliffe, han visitado Venezuela, y hace poco aterrizó un vuelo comercial estadounidense en el país sudamericano por primera vez en más de siete años.
La reapertura de la embajada estadounidense y la reanudación de relaciones comerciales han generado entusiasmo entre los líderes empresariales, quienes celebran el inicio de una nueva era de cooperación bilateral. Venezuela posee las reservas probadas de petróleo más grandes del mundo, lo que la convierte en un socio estratégico crucial para los intereses energéticos estadounidenses bajo la administración Trump.
Sin embargo, el logro de remover uranio de Venezuela contrasta marcadamente con los objetivos de política exterior de Trump respecto a Irán. Desde que la administración entró en conflicto con Teherán en febrero, uno de los principales objetivos declarados ha sido obligar a Irán a entregar aproximadamente 408 kilogramos de uranio altamente enriquecido. Hasta ahora, esos esfuerzos han fracasado, lo que destaca la complejidad de las negociaciones nucleares internacionales.
Fuente: The Guardian — Ver nota original