Venezuela enfrenta una paradoja energética sin precedentes: mientras la producción petrolera se recupera, el Sistema Eléctrico Nacional colapsa aceleradamente. Entre enero y marzo de 2026, la producción de crudo aumentó de 823 a 988 mil barriles diarios, un incremento de 165 mil barriles. Simultáneamente, la demanda en la Región Occidente —centro de la actividad petrolera— creció de 2.308 a 2.504 megavatios. Sin embargo, este crecimiento no fue absorbido por nueva capacidad de generación, sino que fue desplazado directamente del consumo residencial y comercial, profundizando un racionamiento nacional que ya supera los 1.586 megavatios.
La raíz del problema radica en la dependencia masiva del sistema petrolero de bombas electro sumergibles y sistemas de levantamiento artificial eléctrico. La infraestructura de PDVSA experimenta una declinación anual entre 15% y 20% debido a la madurez de los yacimientos y el deterioro grave de instalaciones superficiales como pozos, líneas de flujo y compresores. Con apenas tres taladros activos a nivel nacional, la estrategia se reduce casi exclusivamente a reactivar pozos existentes de alta viscosidad. Esto significa que cada barril adicional producido requiere una intensidad energética significativamente mayor que hace una década.
El cuello de botella es estructural e insostenible. El Sistema Eléctrico Nacional depende de una importación de 8.576 megavatios desde el Complejo Hidroeléctrico de Guayana, principalmente de Guri. La Región Occidente, con 2.322 megavatios de demanda máxima, carece de un parque térmico operativo que respalde su crecimiento. El Centro-Occidente y Oriente también presentan déficits críticos de generación. CORPOELEC, operador del sistema, se ve obligado a aplicar un despacho por prioridad económica, asignando la energía disponible a los activos que generan divisas como la industria petrolera.
Esta contradicción evidencia una realidad incómoda que las autoridades mantienen oculta: el modelo de recuperación petrolera es incompatible con la capacidad de generación existente. Mientras se invierte en reactivar producción de crudo, la población civil sufre racionamientos cada vez más prolongados. El sistema opera como vasos comunicantes donde la ganancia de megavatios en la industria petrolera significa la pérdida directa de electricidad en hogares y comercios, creando una espiral donde más petróleo paradójicamente significa menos luz para los venezolanos.
Fuente: La Patilla — Ver nota original