Venezuela continúa enfrentando una crisis de suministro eléctrico que amenaza sus aspiraciones de atraer inversión extranjera y recuperar sectores clave de su economía. Los racionamientos han vuelto con intensidad en regiones como el Zulia, fronterizo con Colombia, después de una aparente estabilización durante 2025. Según reclaman los afectados, los apagones de varias horas se producen sin un cronograma oficial que permita a los ciudadanos planificar sus actividades, generando incertidumbre y desconfianza en la capacidad del Gobierno para resolver el problema.
El Gobierno señala que el 7 de mayo el país alcanzó un pico histórico de demanda eléctrica con 15.570 megavatios, la cifra más alta en nueve años. Las autoridades atribuyeron este aumento al crecimiento económico y a las altas temperaturas derivadas de un fenómeno solar que la vicepresidenta Delcy Rodríguez había advertido duraría 45 días. Ante esta situación, la administración anunció la ejecución de "maniobras" de estabilización para garantizar el equilibrio del sistema eléctrico nacional.
Sin embargo, en el terreno las preocupaciones de los ciudadanos se concentran en los cortes imprevistos que se extienden hasta siete horas en ciudades como Maracaibo y Mérida. Estas urbes ubicadas en el occidente del país resultan especialmente vulnerables por ser el último eslabón de la red alimentada principalmente por la central hidroeléctrica de Guri, localizada en el extremo opuesto del territorio nacional, lo que agrava las pérdidas por transmisión.
Gustavo Aguilar, habitante de la comunidad Zapara en Maracaibo, expresó a EFE su frustración ante los cortes inesperados, describiéndolos como una "ruleta rusa". El residente de 68 años se queja de la falta de información oficial sobre las causas de los apagones y reconoce sentirse escéptico respecto a las medidas anunciadas por el Gobierno, reflejando el descontento generalizado en una población que lleva más de 15 años soportando esta crisis de infraestructura eléctrica.
Fuente: La Patilla — Ver nota original