Lapatilla mayo 07 2026, 8:57 pmPosteado en: Actualidad, Especiales Patilla, Florida, Historias de Éxito, La buena noticia, USACompártelo: Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn Cortesía Stephany Albornoz En Doral, un aroma inconfundible despierta los sentidos y también los recuerdos. Entre vitrinas que exhiben manjares tradicionales, hornos encendidos y tazas humeantes, Vía Oeste Café and Bakery se ha consolidado en un espacio donde el pan deja de ser un simple alimento para volverse una experiencia que se siente incluso antes de probarse. Stephany Albornoz convirtió el caos de empezar desde cero en un garaje en una receta de éxito. En conversación con La Patilla, relató sin filtros el sacrificio, la constancia y la visión compartida con sus socios para dar forma a uno de los negocios más auténticos y comentados de la ciudad. ¡Únete al club ahora! Suscríbete al boletín más importante de Venezuela lapatilla.com Stephany estudió ingeniería industrial y su esposo Pedro arquitectura. Cada uno salió de Venezuela por separado con la intención de formarse, sin imaginar que tendrían una panadería. Aunque, desde jóvenes ambos tuvieron claro que debían crear sus propios ingresos. Vendieron tortas en pandemia, trabajaron en remodelaciones y avanzaron con lo que tenían a mano. “Siempre supimos desde que nos conocimos a los 19 años que necesitamos crear nuestros negocios”, recordó la visionaria emprendedora. “Llegamos a Estados Unidos como estudiantes internacionales, quisimos graduarnos acá en Estados Unidos. Nos establecimos en Doral, porque es lo más cercano a nuestras raíces. Sin embargo, Pedro llegó primero a Boston. Fue después de estudiar inglés que se mudó a Doral”, dijo Stephany. Manos en la masa Los primeros trabajos en Estados Unidos marcaron el camino para ambos. Stephany entró a una finca en Southwest Ranches, Florida, donde limpió establos y cuidó caballos. “Recuerdo que lloraba con 17 años, ni sabía absolutamente nada, solo quería enviarle comida y dinero a mis papas”. Luego pasó a ser mesera en Bocas Grill, donde aprendió trato al cliente. Pedro, por otra parte, trabajó en construcción, fue conductor de Uber y consiguió empleo en panaderías de Miami. Cortesía Stephany Albornoz “Creo que fue uno de nuestros grandes aprendizajes porque supimos lo duro que era, pero como toda persona que quiere progresar y seguir adelante lo hicimos con mucho orgullo”, comentó la criolla. Más adelante, la idea de tener una panadería tomó forma a partir de una necesidad concreta. La llegada de su hija empujó la decisión de construir algo estable. Empezaron a trabajar en el garaje de la casa familiar con las recetas de Pedro. Compraron máquinas con ahorros y se enfocaron en un objetivo claro: lograr un pan que no resultara ácido ni se endureciera en pocas horas. Tras múltiples pruebas, dieron con una fórmula que cumplió sus estándares. “Hicimos tantas pruebas, que se logró esos panes perfectos como nos gustaba”, contó Stephany. Luego, distribuyeron al mayor a restaurantes y food trucks, y así se dieron a conocer entre conocidos y clientes cercanos. Cortesía Stephany Albornoz Posteriormente, se atrevieron a dar el primer salto fuera del garaje. Rentaron un espacio de menos de casi 92 metros cuadrados dentro de un concepto comercial compartido. Mantuvieron la producción en casa y trasladaron los productos al local. El objetivo no fue crecer de inmediato, sino posicionarse. Sin embargo, el espacio quedó corto en poco tiempo. A eso se sumó un embarazo con complicaciones que obligó a cerrar operaciones por un periodo. Esa pausa no significó retroceso, sino un punto de decisión. Una propuesta
Fuente: La Patilla — Ver nota original