El estancamiento de las negociaciones de tregua entre Irán y Estados Unidos ha desencadenado una nueva escalada de tensiones en el Golfo Pérsico que amenaza con reconfigurar las alianzas geopolíticas de Oriente Próximo. El bloqueo del Estrecho de Ormuz y la estrategia iraní de involucrar a países vecinos en el conflicto han exacerbado las divisiones políticas regionales, obligando a los gobiernos a buscar nuevos acuerdos de seguridad. Lejos de crear un frente común contra Teherán, la crisis ha provocado una profunda desconfianza entre los gobiernos regionales, agravada por rivalidades geopolíticas históricas y diferencias ideológicas de larga data.
Emiratos Árabes Unidos se ha convertido en el epicentro de estas tensiones tras revelaciones del Wall Street Journal sobre ataques secretos contra infraestructuras iraníes en abril. Según la investigación, Abu Dabi atacó la refinería de Lavan en plena escalada de confrontaciones energéticas. Emiratos, que fue el primer país árabe en firmar los Acuerdos de Abraham con Israel, ha recibido apoyo militar directo estadounidense e israelí, incluido el sistema de defensa aérea Cúpula de Hierro, lo que lo convierte en un aliado clave de Washington en la región.
Irán ha respondido con una campaña de represalias sin precedentes contra sus vecinos del Golfo. Teherán ha lanzado más de 2.800 ataques con misiles y drones contra Emiratos Árabes Unidos, además de acusaciones de ataques directos contra Kuwait. La República Islámica percibe a Abu Dabi como un satélite de Israel en la región y ha utilizado esta percepción para justificar sus operaciones militares incluso durante el período de tregua, complicando los esfuerzos diplomáticos.
Kuwait también se ha visto envuelto en esta espiral de conflicto regional. El país aseguró esta semana haber desmantelado un complot iraní para realizar ataques contra su territorio, incrementando la paranoia y la desconfianza mutua entre los Estados del Golfo. La situación refleja cómo el fracaso de las negociaciones entre Irán y Estados Unidos ha trasladado el campo de batalla a nivel regional, con cada actor buscando consolidar su posición de poder mediante alianzas y operaciones militares encubiertas.
Fuente: El Mundo — Ver nota original