La captura y extradición de Nicolás Maduro por Estados Unidos el 3 de enero de 2025 marcó un punto de inflexión decisivo para Venezuela. Aunque se han registrado algunos cambios como una limitada apertura económica y reducción parcial de la represión, resulta prematuro hablar de una verdadera transformación institucional. Las estructuras de poder del chavismo permanecen intactas mientras amplios sectores de la sociedad continúan sometidos a la precariedad y el miedo, en un período de incertidumbre y reacomodo bajo la tutela de Washington.
La verdadera transición democrática dependerá fundamentalmente de si el gobierno estadounidense prioriza un cambio institucional genuino o simplemente la instauración de un nuevo esquema de poder funcional a sus intereses. Solo cuatro meses después de enero, resulta evidente cómo funcionarios del régimen autoritario ahora negocian, se replieguen y se humillan ante el mismo imperio que durante años aseguraban combatir. Trump ha dejado de ser caracterizado como «el pelucón de la Casa Blanca» para ser reconocido como «un hombre de acción», evidenciando el oportunismo político de los voceros del régimen que abandonan sus convicciones por supervivencia.
La retórica antiimperialista que caracterizó décadas del discurso chavista ha desaparecido de los espacios públicos, reemplazada por un silencio incómodo incluso para quienes la repetían con fervor ideológico. Los símbolos revolucionarios como los «ojitos de Chávez» han sido progresivamente eliminados de monumentos y espacios públicos, como si el poder intentara borrar con rapidez los vestigios de una fe política que exigía devoción absoluta. El color rojo, emblema omnipresente de la revolución durante años, ha sido desplazado por tonalidades neutras como el blanco y el azul, reflejando el intento del chavismo de mutar su identidad política desacreditada.
Las reformas a leyes emblemáticas como la de hidrocarburos, minería y posiblemente la del trabajo demuestran el grado de sometimiento frente a la tutela estadounidense. El régimen que durante años utilizó una retórica incendiaria contra el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial ha terminado por volver de rodillas ante ambos organismos implorando financiamiento y legitimidad. El chavismo agonizante abandona cualquier pretensión ideológica para perpetuar los restos de su poder, subastándose al mejor postor en un acto final de capitulación política.
Fuente: Tal Cual — Ver nota original