Pese a la reducción de los índices de pobreza reportados en Venezuela, la calidad de vida de la mayoría de los ciudadanos sigue siendo precaria según la última Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi) presentada por la Universidad Católica Andrés Bello. Los datos revelan una realidad contradictoria donde el crecimiento del empleo formal y la mejora en ingresos no se traducen en mejoras sustanciales en el acceso a servicios básicos ni en estabilidad laboral para amplios sectores de la población.
Los servicios públicos en Venezuela enfrentan un colapso generalizado que afecta a la inmensa mayoría de hogares. Apenas el 10% de los venezolanos vive sin cortes de electricidad regulares, mientras que el agua llega de forma continua únicamente al 19% de las viviendas. La educación también sufre un deterioro significativo: el 44% de los niños asiste a la escuela de manera irregular, asistiendo solo dos o tres días por semana, incluso en Caracas, que históricamente fue territorio de mayor privilegio y estabilidad educativa.
El mercado laboral venezolano mantiene tasas de ocupación entre las más bajas de América Latina, con solo el 55% en 2025, por debajo de países como Colombia, Chile, Brasil y México. La brecha de género es particularmente alarmante: apenas el 39% de las mujeres en edad laboral se encuentran empleadas, siendo empujadas hacia la inactividad y el trabajo doméstico no remunerado. Los datos de la encuesta, coordinada por investigadores de la UCAB, provienen de 11.000 hogares y permiten reconstruir una década marcada por cambios demográficos sin precedentes.
La migración masiva ha transformado profundamente la estructura demográfica del país. Venezuela ha pasado de una población proyectada de 34 millones a apenas 28,5 millones de habitantes, lo que ha envejecido prematuramente la sociedad y alterado la composición de la fuerza laboral. El tamaño promedio de los hogares se redujo de 4,8 miembros en 1990 a 3,1 en 2025, mientras crece el número de personas viviendo solas, generalmente adultos mayores sin apoyo familiar ni redes de contención.
Fuente: El Pais — Ver nota original