Cuando el principal asesor energético de la Casa Blanca aterrizó en Venezuela a finales de abril, fue recibido en una terminal del Aeropuerto Internacional Simón Bolívar donde le pidieron firmar el libro de visitas. En la pared colgaba un retrato del antiguo dictador Nicolás Maduro, quien fuera derrocado por una operación militar estadounidense en enero bajo el mandato del presidente Donald Trump. Bajo esa vigilante mirada, Jarrod Agen, director ejecutivo del Consejo Nacional de Dominio Energético, firmó el registro con el eslogan energético de Trump: «Drill Baby Drill» (Perfora, nena, perfora), resumiendo así los cambios vertiginosos experimentados por la nación sudamericana en los últimos cuatro meses.
La administración Trump ha intensificado sus gestiones en Caracas para facilitar acuerdos que permitan a empresas energéticas y mineras estadounidenses invertir en Venezuela. Funcionarios como Agen han viajado constantemente entre Washington y Caracas, forjando lazos cada vez más estrechos con Delcy Rodríguez y su administración, compuesta en gran parte por remanentes del régimen anterior. Esta colaboración se ha acelerado especialmente en las últimas semanas, tras la decisión de Trump de impulsar el crudo venezolano como alternativa a los suministros interrumpidos por la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán.
Sin embargo, la creciente cercanía con la administración Rodríguez ha generado inquietud entre inversores potenciales y venezolanos en el extranjero, quienes temen que Washington haya abandonado su objetivo declarado de impulsar al país hacia elecciones democráticas. Durante la visita de Agen, Rodríguez afirmó que las elecciones se celebrarían «en algún momento», sin precisar cronograma alguno. Esta ambigüedad refuerza las preocupaciones sobre si los intereses petroleros estadounidenses están primando sobre los compromisos democráticos.
Los funcionarios de la Casa Blanca sostienen que la administración Trump mantiene su deseo de promover la democracia en Venezuela, pero argumentan que el país necesita primero una base económica estable. Agen ha señalado que «estamos en la fase de estabilidad», sugiriendo que las cuestiones democráticas se abordarían posteriormente. Esta posición ha generado tensión entre quienes esperaban que la caída de Maduro abriría inmediatamente el camino hacia elecciones libres y transparentes en Venezuela.
Fuente: La Patilla — Ver nota original