En medio de una crisis energética que paraliza constantemente a Venezuela, el gobierno interino ha intensificado gestiones con grandes empresas internacionales para reparar la deteriorada infraestructura eléctrica del país. Sin embargo, el principal obstáculo sigue siendo la falta de financiamiento y garantías de pago que desalienta a potenciales inversionistas. En reuniones recientes con proveedores como Siemens Energy y GE Vernova, el tema central fue cómo obtener los recursos necesarios para estabilizar un sistema que opera actualmente con menos del 40% de su capacidad instalada.
La magnitud del desafío es considerable: Venezuela necesitará entre 15.000 y 40.000 millones de dólares para reconstruir su sistema eléctrico completamente. Actualmente, de los 36.000 MW de capacidad total, menos de 13.000 MW están disponibles, y las plantas térmicas funcionan apenas al 13% de su potencial. Esta situación se agravó por las deudas históricas contraídas durante administraciones anteriores, cuando contratistas realizaron trabajos que nunca fueron pagados completamente, generando desconfianza en los posibles inversionistas.
La grave escasez de liquidez del país ha impedido hasta ahora cumplir con los pagos a proveedores, lo que frena la recuperación de sectores estratégicos como el petróleo y el gas. GE Vernova señaló estar "motivada para apoyar al país", pero la incertidumbre sobre qué proyectos se priorizarán, las garantías de pago y las aprobaciones regulatorias tanto de Caracas como de Washington mantienen la inversión prácticamente estancada. Las sanciones internacionales, las propuestas rechazadas de contratos prepagados y otros obstáculos complican aún más la búsqueda de financiamiento.
Los apagones y racionamientos cada vez más prolongados afectan brutalmente a la población, con cortes diarios de hasta 10 horas que interrumpen constantemente los servicios básicos. El sector petrolero también sufre las consecuencias: en el Centro de Refinación de Paraguaná, los fallos eléctricos han detenido la producción de combustible y generado largas colas para surtir gasolina. Expertos estiman que se requieren al menos 15.000 millones de dólares en los próximos tres años solo para estabilizar la red y evitar el colapso total del sistema.
Fuente: Efecto Cocuyo — Ver nota original