Los racionamientos eléctricos continúan azotando a Venezuela sin tregua, particularmente en regiones como el Zulia, fronterizo con Colombia, generando escepticismo sobre la capacidad del país para recuperar una infraestructura eléctrica deteriorada tras más de 15 años de crisis. Los apagones de varias horas, sin cronograma oficial según denuncian los afectados, regresaron en febrero pasado después de una aparente estabilización durante 2025, contradiciendo los esfuerzos del Gobierno por atraer capitales extranjeros con promesas de recuperación económica.
En respuesta a la situación, la presidenta encargada Delcy Rodríguez anunció el 22 de marzo un plan de ahorro energético atribuido a un fenómeno solar que causaría aumentos de temperatura durante 45 días. Simultáneamente, la Vicepresidencia Sectorial de Obras Públicas informó que el país alcanzó el 7 de mayo su demanda eléctrica más alta en nueve años, llegando a 15.570 megavatios, cifra que el Gobierno asocia con altas temperaturas y crecimiento económico.
En ciudades como Maracaibo y Mérida, ubicadas en el oeste venezolano, los cortes de electricidad se extienden hasta siete horas sin aviso previo. Estas urbes representan el eslabón más vulnerable de la red nacional, alimentada principalmente desde la central hidroeléctrica de Guri, ubicada en el extremo opuesto del territorio, lo que agrava la distribución deficiente del servicio.
Los ciudadanos expresan profundo escepticismo ante las medidas anunciadas. Gustavo Aguilar, habitante de Maracaibo, describió la situación como "una ruleta rusa" y lamentó la falta de información oficial sobre las causas de los cortes. Aunque reconoce los anuncios de negociaciones con empresas como Siemens y General Electric para resolver la crisis en el Zulia, su confianza en estas iniciativas permanece limitada ante décadas de deterioro infrastructural.
Fuente: Banca y Negocios — Ver nota original