Nicolás Maduro y Cilia Flores entraron a la sala judicial del Distrito Sur de Nueva York sin anuncios ni protocolo alguno. Rodeados únicamente por abogados y custodios, la pareja que gobernó Venezuela durante más de una década se distinguía apenas por el uniforme caqui de los detenidos. Era un contraste radical con su pasado: hace apenas ocho años inauguraban el año judicial en Caracas custodiados por barreras infranqueables de guardias de honor y rodeados de insignias patrias.
Cilia Flores saludó a sus abogados con besos en la mejilla en español antes de sentarse de espaldas a los oyentes, quienes habían esperado 45 minutos para que iniciara la audiencia de las 11:00 de la mañana. Maduro, visiblemente más delgado que en sus apariciones públicas anteriores, abordó a sus representantes legales con apretones de manos y saludos también en español. A diferencia de la primera audiencia del 5 de enero, cuando proclamó ser el presidente de Venezuela y se consideraba a sí mismo prisionero de guerra, esta vez se mantuvo en absoluto silencio durante toda la sesión.
La seguridad en la sala fue extremadamente rigurosa y el ambiente, tenso. Antes de que los acusados aparecieran, un alguacil advirtió que estaba prohibido dirigirse a Maduro o Flores, levantarse del asiento o intentar aproximarse a ellos. "Ustedes están aquí para escuchar y observar", sentenció desde la sala ubicada en el piso 26 del edificio de la corte. No hubo espontáneos que se atrevieran a increparlos como en la primera audiencia, pues todos sabían que el silencio sería una regla inquebrantable.
Los periodistas presentes no pudieron documentar visualmente los momentos. Los celulares, cámaras y dispositivos electrónicos habían quedado resguardados en la planta baja, permitiendo solo tomar apuntes. La primera fila estaba ocupada por dibujantes que esbozaban los perfiles de Barry Pollack, abogado de Maduro, y Mark Donnelly, defensor de Flores, mientras que la segunda fila fue reservada para funcionarios del gobierno. Desde mi lugar en la primera fila de periodistas, pude observar a Maduro de perfil, recordando que la última vez que lo había visto en persona fue en 2018, cuando encabezaba la inauguración del año judicial en el Tribunal Supremo de Justicia de Caracas.
Fuente: BBC Mundo — Ver nota original