La muerte del preso político Víctor Hugo Quero ha generado conmoción y repudio en Venezuela. El vendedor informal de pantalones vaqueros fue desaparecido durante 16 meses, período en el cual su madre, la octogenaria Carmen Navas, realizó una ardua búsqueda en cárceles, comisarías, fiscalías y juzgados chavistas. A pesar de su avanzada edad y limitados recursos económicos, la madre de Quero enfrentó amenazas de muerte de paramilitares revolucionarios para intentar abandonar su cruzada de búsqueda.
El cuerpo sin vida de Quero fue desenterrado en Caracas por orden de la Fiscalía del gobierno de Delcy Rodríguez, un día después de que reconocieran que el preso estuvo recluido en la prisión del Rodeo 1, considerada el mayor centro de torturas de las Américas. Las autoridades chavistas atribuyeron su muerte a una supuesta insuficiencia respiratoria y tromboembolismo pulmonar. Sin embargo, el régimen acusó infundadamente a Quero de estar vinculado con el Centro Nacional de Inteligencia español (CNI), acusación similar a la formulada contra turistas vascos que fueron retenidos como rehenes durante 17 meses.
Víctor Hugo Quero, apodado "El Ruso" por su cabello rubio, fue capturado por agentes de la Dirección General de la Contrainteligencia Militar el primer día de 2025, sin orden de detención ni pruebas que justificaran su captura. A pesar de no tener vinculaciones políticas ni militares, fue acusado de traición a la patria y terrorismo. Según fuentes políticas, Quero fue incluido en un caso denominado "Los extranjeros", aunque no fuese extranjero más allá de su apodo, lo que sugiere que pudo haber sido víctima de un sistema de detenciones arbitrarias.
Este caso refleja el tratamiento despiadado que el régimen chavista ha dispensado a los presos políticos y sus familiares. Durante el mandato de Nicolás Maduro, al menos 27 prisioneros políticos han perdido la vida en las mazmorras del Estado. Expertos sugieren que Quero pudo haber caído víctima de detenciones basadas en cuotas para extorsión de familias, o por algún tipo de confrontación personal, evidenciando el funcionamiento arbitrario de la represión política en Venezuela.
Fuente: La Patilla — Ver nota original