El chavismo afronta una encrucijada fundamental: la capacidad de adaptarse sin perder su esencia ideológica. Después de los primeros 100 días de la presidencia encargada de Delcy Rodríguez, los cambios observados responden más a reacomodos internos y gestión de intereses competitivos que a una verdadera transformación de su lógica de poder. Esta tensión se manifiesta en decisiones institucionales clave que revelan la continuidad de prácticas autoritarias bajo un discurso renovador.
El proceso de nombramiento de la Fiscalía General de la República y la Defensoría del Pueblo ejemplifica esta contradicción. Los procedimientos carecieron de transparencia, metodología clara, baremos conocidos y audiencias públicas, generando críticas generalizadas de organizaciones defensoras de derechos humanos. Aunque la designación de Eglée González Lobato en la Defensoría podría interpretarse como apertura, funciona como concesión periférica a sectores opositores dispuestos a dialogar. En contraste, el nombramiento de Larry Devoe como fiscal general, figura históricamente vinculada a Maduro que negó sistemáticamente violaciones de derechos humanos en organismos internacionales, desmiente cualquier intención real de reinstitucionalización.
La respuesta del gobierno ante protestas ciudadanas revela la persistencia de métodos represivos disfrazados. Cada marcha de estudiantes, trabajadores y pensionados es contrarrestada con contramarchas organizadas por Diosdado Cabello, manteniendo el patrón de ocupación de espacios públicos, acusaciones de desestabilización y movilización de colectivos para intimidar. La permanencia del programa «Con el Mazo Dando», plataforma que deshumaniza a líderes opositores y vilipendía a la sociedad civil, contradice directamente el discurso presidencial de paz y reconciliación, evidenciando que no hay pasos concretos hacia esos objetivos declarados.
Estos indicadores sugieren que el gobierno de Rodríguez, más allá de cambios discursivos y estéticos, no demuestra intención genuina de transparencia o transformación institucional. Los límites ontológicos del chavismo se expresan precisamente en su incapacidad de abandonar mecanismos de control y represión sin dejar de ser chavismo, atrapado en la paradoja de un sistema que requiere autoritarismo para perpetuarse.
Fuente: Tal Cual — Ver nota original

