La guerra del presidente Trump contra Irán representa la acción militar más significativa en la historia estadounidense ejecutada sin ninguna forma de autorización del Congreso. Aunque presidentes anteriores han extendido los límites de su autoridad constitucional en el uso de fuerzas militares, típicamente han involucrado al Congreso para cualquier operación más allá de un breve ataque. En casos como Iraq en 2002 y 1991, Afganistán en 2001 y Vietnam en 1964, el Congreso aprobó formalmente estas acciones. Incluso en situaciones como Corea en los años 50, el Congreso otorgó una aprobación de facto mediante proyectos de ley que proporcionaban recursos adicionales para operaciones militares.
La junta editorial del New York Times rastrea 12 categorías de erosión democrática en Estados Unidos basándose en patrones históricos y entrevistas con expertos. El índice ubica al país en una escala de 0 a 10 para cada categoría, donde cero representa a Estados Unidos antes del segundo mandato de Trump —imperfecto pero una de las democracias más saludables del mundo— y diez representa una verdadera autocracia como China, Irán y Rusia. Basándose en la guerra con Irán, la junta ha elevado su evaluación en la categoría de evasión legislativa del nivel 4 al nivel 5, indicando una erosión significativa de los controles constitucionales.
Durante los últimos dos meses y medio, Trump ha ordenado miles de ataques contra otro país y ha dado muerte a su líder. La guerra ha alterado los mercados energéticos globales y ha agotado las reservas de municiones estadounidenses. A pesar de su alcance e importancia, el presidente continúa mostrando desprecio hacia los miembros del Congreso que cuestionan la guerra y ni siquiera ha proporcionado una justificación coherente para ella.
Los republicanos del Congreso merecen una responsabilidad significativa por esta situación y podrían hacer mucho más para limitarlo. El Congreso podría aprobar una resolución expresando su desaprobación de la guerra e investigarla mediante audiencias, aumentando la presión política sobre la Casa Blanca. Estas medidas legislativas son fundamentales para restaurar los equilibrios constitucionales que han definido la democracia estadounidense durante generaciones.
Fuente: NYT — Ver nota original