La administración Trump ha intensificado significativamente la presión sobre Cuba durante esta semana, implementando una estrategia de múltiples frentes que incluye el fortalecimiento del embargo estadounidense, aumentando los vuelos de vigilancia alrededor de la isla y realizando conversaciones privadas sobre un posible despliegue de fuerzas armadas en la región. El director de la CIA, John Ratcliffe, visitó Cuba el jueves para presentar exigencias directas al gobierno cubano, incluyendo el cierre de las estaciones de escucha de Rusia y China, así como medidas para reactivar la economía local que ha sido severamente afectada por las sanciones económicas.
Según fuentes cercanas a las deliberaciones del gobierno estadounidense, fiscales federales basados en Miami están preparando una acusación formal contra Raúl Castro, hermano del fallecido Fidel Castro. El timing de esta posible acusación no es coincidencia, ya que el gobierno cubano interpreta esta medida como un precedente directo de la estrategia empleada contra Nicolás Maduro en Venezuela, donde una acusación federal fue utilizada como pretexto para una incursión militar estadounidense en Caracas durante enero con el objetivo de capturar al líder autoritario.
En el contexto internacional actual, aunque se desconoce si el ejército estadounidense se está preparando para una operación militar similar en Cuba, diversos analistas consideran que probablemente no sería inmediata. Un factor determinante es el actual despliegue de un gran número de efectivos de las Fuerzas Especiales estadounidenses en Oriente Medio, donde permanecen en alerta por la posibilidad de reanudación de hostilidades contra Irán, lo que limita temporalmente la capacidad de proyección de poder en el hemisferio occidental.
A pesar de lo anterior, fuentes cercanas a la administración Trump indican que altos funcionarios estadounidenses desean mantener la opción de repetir la estrategia implementada exitosamente en Venezuela. Esta postura refleja una clara advertencia al gobierno cubano sobre las posibles consecuencias de no cumplir con las exigencias estadounidenses, demostrando cómo Washington está dispuesto a utilizar tanto presión económica como acciones diplomáticas y militares para alcanzar sus objetivos geopolíticos en la región.
Fuente: La Patilla — Ver nota original