Venezuela conmemora este 12 de mayo el Día Internacional de la Enfermería en medio de una crisis sanitaria sin precedentes que ha transformado la vocación de estos profesionales en un acto de heroísmo cotidiano. Los centros asistenciales del país enfrentan infraestructuras deplorables caracterizadas por fallas constantes en agua y electricidad, techos colapsados y ausencia total de mantenimiento, situación que pone en riesgo tanto a pacientes como al personal médico que labora en condiciones extremadamente adversas.
La carencia de insumos básicos representa el obstáculo más crítico en la jornada laboral de los enfermeros venezolanos. Trabajar "con las uñas" se ha convertido en la norma en hospitales donde el personal debe solicitar a familiares de pacientes desde guantes y jeringas hasta soluciones fisiológicas y reactivos, ante la negativa del Estado para dotar adecuadamente las instituciones de salud. Esta situación no solo ralentiza la atención médica sino que genera una carga emocional y ética insoportable para profesionales que se sienten maniatados sin las herramientas mínimas para salvar vidas.
A esta realidad se suma una crisis económica asfixiante: el salario mínimo de un enfermero en Venezuela apenas supera los 30 centavos de dólar mensuales en su escala básica. Este ingreso simbólico resulta totalmente insuficiente para cubrir un solo día de alimentación o transporte, lo que ha provocado una migración masiva de profesionales hacia otros países y el abandono de la profesión para dedicarse a la economía informal.
En su día internacional, el gremio de enfermería no celebra sino que se entristece al constatar cómo una de las profesiones más importantes a nivel mundial ha sido denigrada y menospreciada en Venezuela. Los profesionales de la salud continúan su labor heroica pero bajo condiciones que evidencian el colapso del sistema sanitario nacional y la falta de políticas públicas para garantizar su dignidad laboral.
Fuente: La Patilla — Ver nota original