Murió Carmen Teresa Navas, símbolo de búsqueda de presos políticos

Murió Carmen Teresa Navas, símbolo de búsqueda de presos políticos

Carmen Teresa Navas, madre del preso político Víctor Hugo Quero Navas, falleció el domingo 17 de mayo a los 81 años, apenas diez días después de que el Estado venezolano confirmara oficialmente la muerte de su hijo bajo custodia. Durante más de un año, la mujer llevó a cabo una búsqueda incansable entre cárceles y organismos públicos, exigiendo información que las autoridades le negaron sistemáticamente. Tras la detención de Quero Navas, quien fue trasladado inicialmente a la sede de la Dgcim en Boleíta y posteriormente a El Rodeo I, Carmen Teresa inició un recorrido marcado por el silencio institucional, recibiendo siempre la misma respuesta desdeñosa en cada centro de reclusión: "no está".

El Ministerio de Servicios Penitenciarios informó el pasado 7 de mayo que Víctor Hugo Quero Navas había fallecido el 24 de julio de 2025 en el Hospital Militar Dr. Carlos Arvelo, presuntamente por una insuficiencia respiratoria aguda asociada a un tromboembolismo pulmonar. Esta confirmación llegó más de un año después de su muerte real y únicamente tras reiteradas denuncias de desaparición forzada realizadas por familiares y organizaciones de derechos humanos. La noticia de la muerte de Carmen Teresa fue difundida por el fotoperiodista Rafael Hernández Marcano, quien acompañó y documentó durante meses el desgaste físico y emocional que atravesó la mujer en su angustioso peregrinaje.

La historia de Carmen Teresa Navas refleja el peso desproporcionado que cargan las mujeres en contextos de persecución política. Son madres, esposas o hermanas quienes frecuentemente asumen las búsquedas, sostienen las denuncias, permanecen a las afueras de cárceles y enfrentan el desgaste económico, físico y emocional que genera la criminalización estatal. En el caso venezolano, estas mujeres se convierten en defensoras forzadas de sus familias, absorbiendo el impacto directo de políticas represivas diseñadas contra sus seres queridos.

El caso de Carmen Teresa expone cómo la opacidad estatal y la ausencia sistemática de respuestas terminan extendiendo el castigo político más allá de los presos, alcanzando también a sus familias. Su muerte apenas diez días después de conocer la confirmación oficial de la muerte de su hijo constituye un testimonio silencioso pero elocuente de cómo la persecución política en Venezuela perpetúa su ciclo de dolor generación tras generación, dejando un legado de duelo y trauma en quienes quedaron atrás.

Fuente: Tal Cual — Ver nota original

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