El periodista canario Miguel Moreno, liberado hace cuatro meses del penal de máxima seguridad de El Rodeo, denunció que Venezuela lo utilizó como «rehén político» durante 209 días de detención. Moreno fue capturado el 11 de junio de 2025 cuando la Armada venezolana apresó el buque N35, dedicado a la búsqueda de pecios hundidos en aguas internacionales. Junto a otros ocho tripulantes, fue trasladado a Isla Margarita para interrogatorios y posteriormente recluido en El Rodeo, donde enfrentó acusaciones de terrorismo, espionaje y atentado contra la soberanía que asegura no fueron sustentadas.
En entrevista con la agencia EFE, Moreno describió condiciones carcelarias deplorables que han marcado profundamente su recuperación. Durante casi siete meses compartió una celda de apenas 1,80 por 3,50 metros con otro preso, en espacios con poca ventilación, colchones en el piso y un hueco en el suelo funcionando como baño. El periodista relató que el momento más angustioso era cuando se cerraba la celda: «Cuando escuchas el candado a tus espaldas es durísimo. Te das cuenta de que has llegado a la estación final».
La situación humanitaria dentro de El Rodeo era crítica, según el testimonio de Moreno. Los reclusos enfrentaban plagas de cucarachas y mosquitos, aislamiento casi total y salidas al patio restringidas a apenas 45 o 60 minutos diarios, únicamente de lunes a jueves. Moreno destacó que los prisioneros venezolanos se encontraban en condiciones aún más precarias que los extranjeros, quienes recibían trato diferenciado. La depresión era generalizada entre los internos, con intentos de suicidio ocurriendo cada dos semanas, algunos de extrema gravedad.
Tras su liberación, Moreno expresó frustración por la falta de apoyo de gobiernos europeos y la imposibilidad de recuperar completamente su vida. Aún no ha logrado retomar su trabajo como periodista, y Venezuela tampoco ha devuelto el barco en el que fue detenido. El traumatismo de su experiencia persiste: los recuerdos de El Rodeo regresan frecuentemente, especialmente al pensar en los presos que permanecen en ese penal, muchos de ellos aislados de toda información sobre el mundo exterior.
Fuente: Tal Cual — Ver nota original