La crisis humanitaria venezolana ha generado una ola de migrantes desesperados que arriesgan sus vidas intentando llegar a las islas de Aruba y Curazao, territorio del Reino de los Países Bajos ubicado en el Caribe. Un caso reciente ilustra la magnitud del problema: un joven de 23 años desapareció cuando su embarcación zarpó desde el estado Falcón con destino a Aruba, junto con decenas de migrantes que intentaban llegar nadando a la orilla burlando los controles policiales. Esta travesía representa solo uno de los múltiples intentos que se repiten constantemente desde las costas venezolanas, donde las bandas organizadas operan tráfico de personas, muchas veces combinado con el transporte de drogas, armas y animales exóticos.
La geografía ha convertido a Falcón en punto de partida ideal para estas travesías peligrosas. Desde el estado más pobre de Venezuela pueden verse claramente las luces de Curazao y Aruba, distantes apenas 70 y 20 kilómetros respectivamente de sus costas. Durante décadas, estas islas fueron destinos turísticos prósperos para venezolanos adinerados que disfrutaban de playas y realizaban compras en sus comercios. Sin embargo, la profunda crisis política y económica que atraviesa la República Bolivariana transformó completamente esta dinámica, obligando a Caracas a cerrar fronteras durante años y obligando a las autoridades neerlandesas a implementar estrictos requisitos de visa que han cerrado las puertas a los ciudadanos venezolanos.
La dimensión de la migración venezolana en la región es alarmante según datos de organismos internacionales. La Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes reporta que hasta febrero de 2026 existían casi 7 millones de venezolanos en condición de refugiados y migrantes solo en América Latina y el Caribe. En Aruba y Curazao residen aproximadamente 11 mil 500 y 7 mil migrantes venezolanos respectivamente, cifras que en ciertos momentos han representado más del 10 por ciento de la población total de ambas islas. El último censo de Curazao reconocía explícitamente el "incremento significativo" de la diáspora venezolana, que se ha convertido en la comunidad migrante de mayor crecimiento desde 2011.
La migración ilegal se ha convertido en un factor crítico que deteriora las relaciones diplomáticas entre Venezuela y sus vecinos neerlandeses. Entre 2018 y 2025 se registraron 33 embarcaciones interceptadas intentando transportar migrantes hacia estas islas, evidenciando la sistematicidad de estas travesías peligrosas. Estos viajes en embarcaciones precarias, frecuentemente coordinados por redes delictivas, resultan en muertes, desapariciones y traumas para familias completas que buscan escapar de la miseria pero terminan enfrentándose a peligros mortales en el mar Caribe.
Fuente: Infobae VE — Ver nota original