Cumaná: de joya industrial a ruinas de la decadencia venezolana

Cumaná: de joya industrial a ruinas de la decadencia venezolana

Cumaná, una ciudad costera del estado Sucre en el este de Venezuela, presenta un panorama desolador que contrasta drásticamente con la capital. Antaño considerada una joya de la corona de la base industrial venezolana, la ciudad actualmente enfrenta una crisis humanitaria profunda caracterizada por la escasez extrema de agua potable, apagones diarios generalizados y el colapso de sus infraestructuras públicas. Los residentes recurren a buscar agua en arroyos contaminados, mientras que en los vertederos de basura, personas hurgan desesperadamente en busca de restos de comida. La universidad, que alguna vez fue ilustre, se encuentra saqueada y en ruinas, con el viento aullando entre sus estructuras abandonadas.

Esta realidad refleja una brecha profunda entre Caracas, la capital, que experimenta un auge económico relativo tras los cambios políticos de enero de 2026, y el resto del país sumido en la ruina. Mientras petroleros y magnates de criptomonedas se apresuran a la capital para explorar negocios, en ciudades como Cumaná la población experimenta condiciones de vida cercanas a una zona de guerra. José Luis Sánchez, presidente del Colegio de Economistas del Estado Sucre, describió con humor negro la situación comparando la ciudad con Kiev, la capital ucraniana bombardeada. Esta comparación ilustra la magnitud del deterioro infraestructural y social que ha sufrido la ciudad.

La responsabilidad de este colapso no recae en bombardeos externos, sino en factores internos: el régimen de partido único, la gestión económica desastrosa y las campañas de venganza ideológica implementadas durante décadas. Cuando Hugo Chávez llegó al poder hace 27 años, Cumaná formaba parte de un grupo selecto de ciudades industriales —junto con Ciudad Guayana y Valencia— que posicionaban a Venezuela como una potencia regional. Estas urbes fueron motores de desarrollo económico y generadores de riqueza nacional durante el siglo XX.

Ahora, la reconstrucción de Cumaná y ciudades similares representa un desafío monumental que podría requerir generaciones para completarse. La economía destruida del interior de Venezuela contrasta radicalmente con la narrativa de recuperación que se promueve desde la capital, donde inversores internacionales ven oportunidades de negocio. Sin embargo, la realidad en el terreno muestra que la mayoría de los venezolanos enfrenta condiciones de vida precarias, sin acceso a servicios básicos y sin perspectivas claras de mejora en el corto plazo.

Fuente: La Patilla — Ver nota original

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