La industria automotriz venezolana ha experimentado un colapso sin precedentes en los últimos años, transformando completamente el panorama del sector. Según Carlos Alejandro Rondón, presidente de la Cámara Nacional de Comercio de Autopartes (CANIDRA), el país ha transitado de manera acelerada desde la producción local hacia la dependencia de importaciones. Esta transición representa uno de los cambios más significativos en la economía automotriz nacional de las últimas décadas.
El retroceso productivo es alarmante: Venezuela pasó de contar con 11 ensambladoras de vehículos a depender mayoritariamente de las importaciones para satisfacer la demanda del mercado. Las compras de repuestos desde China han crecido exponencialmente, aumentando un 70% en los últimos cinco años. Este crecimiento refleja no solo la debilidad de la industria local, sino también cómo los consumidores se han visto obligados a buscar alternativas en el mercado internacional para obtener los insumos necesarios.
Uno de los principales problemas identificados por los especialistas es la competencia desleal generada por las importaciones informales bajo la modalidad "puerta a puerta", que evaden los impuestos que sí pagan los comercios establecidos legalmente. Aunque China es reconocida como líder mundial en la producción de repuestos automotrices de diversas calidades, Rondón advierte sobre la presencia creciente de productos falsificados o de baja calidad en el mercado venezolano. Componentes críticos como bujías, correas y pastillas de freno representan especial preocupación por el riesgo que implican para la seguridad vial.
Para proteger a los consumidores, los expertos recomiendan adquirir exclusivamente repuestos en establecimientos legalmente constituidos que garanticen la calidad y el respaldo de garantía. Las compras informales a través de internet y plataformas digitales sin regulación representan un riesgo tanto para la seguridad del vehículo como para los derechos del consumidor. La reactivación de la industria automotriz local requiere no solo políticas económicas favorables, sino también mecanismos que frenen la competencia desleal y protejan el comercio formalizado.
Fuente: La Patilla — Ver nota original