Reciclaje del poder no es cambio real en Venezuela

La pregunta fundamental que enfrenta Venezuela no es meramente estética ni superficial, sino una cuestión de naturaleza causal y resolutiva. El verdadero problema no radica en el simple intercambio de nombres o en reemplazar algunos gobernantes por otros, sino en la necesidad urgente de generar una nueva resonancia en la sociedad que, desde el nivel individual, combata las mentiras sobre las que se sostiene el poder tiránico. Aunque el peso de las armas físicas es innegable, el poder de las ideas sigue siendo una fuerza disruptiva e imparable que recuerda constantemente que la verdadera autoridad reside en el ciudadano y su capacidad de elegir, no en las cadenas del Estado.

Venezuela se encuentra en una realidad asfixiante donde el reciclaje de formas, nombres y procedimientos es apenas una táctica de procrastinación que no genera cambios reales. Algunos insisten en creer que utilizando los mismos procedimientos y siguiendo las suelas de los mismos gobernantes de siempre se puede acceder a una "nueva Venezuela", pero esta premisa es falsa. La libertad no se alcanza utilizando los mismos zapatos de la tiranía; requiere una ruptura fundamental con las estructuras que han perpetuado la opresión y la corrupción que caracterizan el sistema actual.

La escasez y la necesidad humana son realidades cotidianas que afectan a colegas, vecinos, familiares y ciudadanos en general en toda Venezuela. La libertad comienza por no ser cómplices de la mediocridad y por entender que el Estado ha buscado que el venezolano se encuentre solo y dependiente. La verdadera libertad reside en la capacidad de resolver problemas conjuntamente sin necesidad de pedir permiso, en la capacidad de las comunidades de protegerse mutuamente y de confiar en instituciones que realmente funcionen.

Se ha agotado la dinámica de falsos mesías y promesas vacías. Lo que los ciudadanos esperan es que se les devuelva la autonomía y se entienda que el cambio genuino no es un evento fortuito, sino una consecuencia directa del rigor de nuestra integridad personal hoy y del efecto transformador que esto genera en la sociedad. Solo mediante la ruptura consciente con las estructuras de poder corrupto y la reconstrucción desde la base comunitaria será posible avanzar hacia una Venezuela verdaderamente diferente.

Fuente: La Patilla — Ver nota original

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