La pobreza monetaria en Venezuela descendió a 68,5% de los hogares durante 2025, representando una reducción de 4,7 puntos porcentuales respecto al año anterior, según los datos revelados por la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi). Este indicador refleja principalmente cambios en las oportunidades de empleo y el comportamiento de la inflación, factores que impactan directamente el poder adquisitivo de la población. La coordinadora del estudio, Anitza Freitez, explicó que esta leve mejoría estaría asociada a un incremento moderado en el acceso al mercado laboral, evidenciado por un pequeño aumento de trabajadores asalariados en sectores privado y público, así como por la reducción de personas que trabajan por cuenta propia que han logrado incorporarse al empleo formal.
Sin embargo, la realidad de las familias venezolanas muestra un panorama mucho más complejo cuando se analiza desde una perspectiva multidimensional. Según el índice multidimensional de pobreza de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), que evalúa 13 indicadores diferentes, aproximadamente el 55% de los hogares en el país se encuentra en situación de pobreza multidimensional. Este enfoque integral va más allá de los ingresos monetarios e incluye variables críticas como condiciones de vivienda, acceso a servicios públicos, inclusión laboral, acceso a educación y disponibilidad de protección social.
Uno de los problemas más acuciantes que afecta la calidad de vida es la grave deficiencia en los servicios básicos, particularmente el suministro eléctrico. Freitez enfatizó que la electricidad está comprometiendo la vida cotidiana en prácticamente todo el territorio nacional, con datos preocupantes que demuestran que solo el 10% de los hogares reportó no tener fallas en el servicio durante el período estudiado. Esto significa que el 90% de las familias venezolanas padece cortes recurrentes de energía eléctrica, afectando actividades básicas como cocinar, refrigeración de alimentos y acceso a agua potable.
Este contraste entre la reducción de pobreza monetaria y la persistencia de privaciones estructurales refleja la complejidad de la crisis humanitaria en Venezuela. Mientras el país busca atraer capitales extranjeros con promesas de recuperación económica, la realidad en regiones como el Zulia evidencia que los racionamientos eléctricos continúan sin tregua, generando escepticismo sobre la posibilidad real de superar años de deterioro en la infraestructura básica. Las familias venezolanas enfrentan un escenario donde, aunque pudieran tener mayores ingresos nominales, la falta de acceso confiable a electricidad y agua compromete fundamentalmente su bienestar y desarrollo.
Fuente: La Patilla — Ver nota original