¿Por qué el 'no-pensar' conspiranoico ahoga nuestras democracias? En Estados Unidos, estas tramas tan tóxicas –como la teoría del Gran Reemplazo– ya forman parte de la política oficial de la Casa Blanca Regala esta noticia Añádenos en Google El presidente de EE.UU., Donald Trump. (Reuters) Pedro Rodríguez 17/09/2026 a las 01:25h. En su libro 'Apocalípticos e integrados' (1964), Umberto Eco acuñó el concepto de 'cogito interruptus' como un modo de 'no-pensamiento' característico de las personas obsesionadas con ver en cualquier acontecimiento toda clase de conspiraciones, símbolos ocultos o, incluso, profecías. Dentro de esta taxonomía de … la incongruencia, esta deformación de la realidad a través de codazos y guiños es practicada por los apocalípticos que «ven en los acontecimientos del pasado los símbolos de una armonía notable, y en los del presente los símbolos de una caída sin salvación». Desde el coro de tragedia griega que alerta sobre la inteligencia artificial hasta los líderes conspiranoicos que nos gobiernan, vivimos en el mundo Quinto Milenio en el que las teorías de la conspiración funcionan como recurrentes atajos intelectuales. Ante acontecimientos que nos superan y generan una sobredosis de incertidumbre, como ocurrió con la última pandemia, resulta muy tentador dejar de pensar y asumir explicaciones tan alambicadas como falsas. Sabemos que la conspiranoia ha funcionado tradicionalmente como mecanismo de compensación en sociedades con mínimas libertades, en las que los ciudadanos no tenían capacidad de actuar de forma independiente, planificar su destino o tomar sus propias decisiones. Sin embargo, el drama es que nuestras democracias, donde se supone que los ciudadanos tienen agencia para decidir sobre su destino, se están convirtiendo en parques temáticos para las teorías conspirativas. Noticia relacionada Trump retira a Venezuela de la lista más grave de narcotráfico por la cooperación de Delcy Rodríguez con EE.UU. David Alandete
Fuente: ABC Espana — Ver nota original