Lapatilla julio 07 2026, 8:25 amPosteado en: Actualidad, Internacionales, Terremoto VenezuelaCompártelo: Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn Un voluntario juega con una pelota sobre los escombros de un edificio, en La Guaira, el 3 de julio.Chelo Camacho Gianluca Rampolla (Roma, 52 años) va por su tercer terremoto. El primero lo vivió en Haití, en 2010. El segundo, en Papúa Nueva Guinea, en 2018. Y el tercero lo tiene entre las manos ahora mismo: el que sacudió a Venezuela el pasado 24 de junio con dos sismos sucesivos de magnitud 7,2 y 7,5, el más devastador que ha sufrido el país en más de un siglo. Más de 3.000 muertos, decenas de miles sin techo y un Estado que llegó a la catástrofe ya en los huesos: sin sistema de salud robusto, sin infraestructura eléctrica fiable, con millones de personas en situación de vulnerabilidad crónica antes de que cayera el primer edificio. Por El País URGENTE: Dos terremotos azotaron La Guaira y hemos preparado un reporte de información actualizada AQUÍ En ese escenario, Rampolla ocupa un lugar singular. Como coordinador residente y humanitario de Naciones Unidas en Venezuela, lleva cinco años navegando entre un Gobierno que hasta hace poco lo llamaba “hipócrita” o lo amenazaba y una comunidad internacional reticente a comprometerse con Caracas. Su mandato debería haber terminado ya, pero las sucesivas crisis —la humanitaria crónica, la política y ahora la sísmica— lo mantienen en el país hasta que encuentran a su sustituto. No parece muy contrariado: “Mi cariño por Venezuela es infinito”. Pregunta. ¿Cuál es la dimensión de esta catástrofe? ¿Es comparable con alguna otra que haya vivido? Respuesta. Todavía no le puedo dar una respuesta cerrada. Una de las dimensiones que hay que tener en cuenta es que ya teníamos una crisis humanitaria preexistente: en los estados afectados había unas 700.000 personas en situación de necesidad. En nuestro Plan de Respuesta, La Guaira no era una zona priorizada, pero sí que sus habitantes tienen un margen limitado para absorber shocks externos. Si se te cae la casa, se te cae el mundo. P. Ha habido críticas al Gobierno por el caos de las primeras horas. ¿Esto habría pasado en cualquier país? R. No es la primera vez que me toca. Estuve en Haití en 2010, fue horrible; estuve en Papúa Nueva Guinea con un terremoto de 7.5 en 2018; he seguido los de Turquía, Siria. Y lo que he visto siempre es que en la primera fase hay confusión, no hay una respuesta organizada. Aquí hablamos además de un país en una situación de debilidad estructural, hasta el punto de que parte del trabajo de Naciones Unidas, de acuerdo con ellos mismos, es y va a seguir siendo el fortalecimiento institucional. Fue, tristemente, confuso, pero es totalmente normal. ¿En qué tragedia no es la propia comunidad la primera en responder? El primer equipo internacional llegó en menos de 24 horas —fueron los suizos—. Delcy Rodríguez me llamó para movilizar toda la capacidad internacional de rescate, y dentro de las primeras 12 horas llegó el segundo pedido: necesitamos su ayuda con el alojamiento. P. A algunos rescatistas internacionales se les oía preguntarse qué habría pasado si el terremoto hubiese ocurrido con Nicolás Maduro. ¿Cómo cree que se habría gestionado? R. No le puedo decir cómo hubiera sido, solo cómo ha sido. Nos han pedido algo que no había ocurrido antes: coliderar el establecimiento y la gestión de los campamentos, con toda la pluralidad de servicios que eso implica, y asistencia técnica en toda la parte de recuperación. Que la comunidad internacional, a través de la ONU, sea el vehículo para el apoyo internacional ha sido algo muy
Fuente: La Patilla — Ver nota original