El dirigente político venezolano Omar González Moreno cuestionó severamente el aumento salarial anunciado por el gobierno el 1° de mayo, calificándolo como una operación propagandística destinada a ocultar la crisis económica del país. Según González, lo presentado como un incremento salarial fue en realidad un conjunto de bonos que se deprecian rápidamente ante la galopante inflación. Los trabajadores, asegura, no recibieron un salario digno sino medidas insuficientes en medio de una inflación brutal que erosiona completamente el poder adquisitivo.
Los datos oficiales del Banco Central de Venezuela respaldan las críticas del político opositor. La variación acumulada de la inflación hasta abril de 2026 alcanzó el 90%, superando significativamente el 53,5% registrado en el mismo período del año anterior. Más alarmante aún, la inflación interanual se disparó hasta el 611,86%, una cifra que evidencia el colapso económico del país. Estos números desmontan cualquier discurso gubernamental sobre recuperación o estabilidad económica, reflejando en su lugar una destrucción masiva del ingreso familiar.
La realidad se manifiesta crudamente en el costo de vida cotidiano de los venezolanos. Una canasta alimentaria básica requiere entre 800 y 1000 dólares mensuales, mientras millones de ciudadanos subsisten con ingresos que apenas cubren algunos días de comida. Esta brecha insalvable entre los precios de los bienes esenciales y los salarios disponibles evidencia la dimensión catastrófica de la crisis social. El deterioro económico ha convertido la supervivencia en un acto de desesperación para gran parte de la población.
González Moreno advierte que el modelo económico actual ha destruido completamente la estructura salarial tradicional. El trabajador venezolano se ha convertido en rehén de bonos discrecionales que no generan prestaciones, aguinaldos ni estabilidad laboral. Cada anuncio gubernamental de alivio económico genera, paradójicamente, nuevas alzas de precios que profundizan la pobreza y la indignación nacional. Venezuela enfrenta una emergencia humanitaria imposible de disimular con propaganda política.
Fuente: La Patilla — Ver nota original