La tregua de tres días declarada por Rusia con motivo del Día de la Victoria ha comenzado bajo una espesa nube de desconfianza y acusaciones cruzadas. Moscú aseguró que Kiev violó el alto el fuego mediante ataques de drones y artillería, incluidos ataques sobre Crimea, mientras que Ucrania continúa reportando combates y bombardeos en múltiples puntos del frente. Las primeras horas del cese temporal han dejado claro que ambas naciones libran simultáneamente una batalla por imponer su narrativa de los hechos, en un contexto donde se detectó un nuevo posible dron ruso en territorio polaco.
El Ministerio de Defensa ruso acusó a Kiev de romper la tregua apenas entró en vigor, denunciando bombardeos ucranianos con drones y artillería contra posiciones rusas. Según información difundida por Interfax, las fuerzas rusas habrían derribado 57 drones durante los primeros días. Paralelamente, las autoridades de ocupación en Crimea llevaban días reportando intentos de ataque sobre la península, con el gobernador impuesto por Moscú en Sebastopol asegurando que la defensa antiaérea repelía ataques y que al menos cuatro drones habían sido abatidos.
Kiev y Moscú son conscientes de que enfrentan un alto el fuego sin confianza mutua, sin mecanismos de verificación y sin verdadera voluntad de congelar la guerra. Aunque Donald Trump presentó la tregua como un paréntesis pactado entre ambos bandos con intercambio de mil prisioneros por cada lado, la realidad sobre el terreno contradice esta narrativa. Reuters documentó al menos 147 combates en las últimas veinticuatro horas según informes del Estado Mayor ucraniano, además de nuevas víctimas civiles en Zaporizhia, Jersón, Dnipropetrovsk y Járkiv por ataques rusos con drones y artillería.
La verdadera batalla se desarrolla en el terreno de la comunicación y la percepción pública. Rusia intenta presentarse como la parte razonable que ofrece pausas humanitarias y conmemorativas, mientras acusa a Ucrania de sabotear toda oportunidad de desescalada. Kiev responde con una mezcla de ironía y escepticismo, cuestionando la legitimidad de una tregua que no se refleja en los hechos militares sobre el terreno.
Fuente: El Mundo — Ver nota original