Lapatilla junio 29 2026, 9:38 amPosteado en: OpiniónCompártelo: Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn LA DOBLE TRAGEDIA Venezuela amaneció esta semana bajo el peso de dos tragedias superpuestas. La primera, imprevista: los terremotos que sacudieron La Guaira, Caracas y el centro del país, dejando decenas de edificios derrumbados, miles de familias sin techo y centenares de personas atrapadas bajo los escombros en las horas más críticas de una emergencia. La segunda, perfectamente predecible: la respuesta de un Estado fallido que, tras más de dos décadas de demolición institucional y el mayor saqueo de recursos públicos en la historia republicana venezolana, demostró no tener ni el protocolo, ni los equipos, ni la voluntad política para proteger a sus ciudadanos en el momento en que más lo necesitaban. URGENTE: Dos terremotos azotaron La Guaira y hemos preparado un reporte de información actualizada AQUÍ Ambas tragedias tienen el mismo origen estructural. La destrucción de las instituciones no es un accidente colateral del chavismo: es su resultado más predecible y más documentado. Un Estado que desvió hacia la corrupción recursos suficientes para haber modernizado toda la infraestructura nacional no puede sorprendernos cuando, ante un desastre de esta magnitud, su primera reacción no es desplegar soldados a los escombros, sino controlar quién recibe el beneficio de la ayuda. EL ROSTRO DE LA INOPERANCIA Lo que reveló esta tragedia no requiere interpretación: basta con observar. Tres días después de los terremotos, 300 efectivos del cuerpo de bomberos de Los Teques permanecían retenidos con sus equipos, enviando solo un grupo de nueve personas a la zona. Los médicos llegados desde El Salvador fueron retenidos toda una noche por protocolos burocráticos mientras sobrevivientes aguardaban bajo los escombros. Equipos internacionales de rescate esperaron horas sin logística, sin transporte, sin coordinación. La militarización de La Guaira llegó al tercer día, precisamente cuando el general del Cuerpo de Marines de Estados Unidos, Kevin Jarrard, del Comando Sur, pisó tierra venezolana. Mientras tanto, Diosdado Cabello aparecía en pantalla durante media hora asegurando que se estaba atendiendo la zona “como se lo merece”. Delcy Rodríguez visitó el área en camionetas blindadas y pulidas durante apenas unos minutos. Los generales venezolanos, de los cuales el país tiene más de 2.000, no aparecían en ningún escombro coordinando operaciones. Un perro rescatista venezolano llamado Tsunami había localizado más sobrevivientes que el Ministerio de la Defensa. La razón de fondo no es únicamente incompetencia técnica, aunque esa también existe. Es ideológica: el régimen, como ha ocurrido desde el deslave de 1999, no puede tolerar que la ayuda llegue a la gente por manos que no sean las suyas. En Barinas, en Valencia, en Caracas, la policía bloqueó centros de acopio organizados por ciudadanos, por el partido Vente y Voluntad Popular. En el hospital de Morón, un médico especialista fue negado por no ser chavista. La lógica es perversa y constante: el control del beneficio importa más que el beneficio mismo. LA SOLIDARIDAD QUE EL ESTADO NO MERECE RECIBIR EL CRÉDITO Frente al vacío institucional, la respuesta fue doble: la solidaridad de los venezolanos y la de la comunidad internacional. Los ciudadanos organizaron centros de acopio, se desplazaron como voluntarios, grabaron y publicaron en redes cada irregularidad con una cobertura en tiempo real que ningún régimen pudo ya controlar. El desbloqueo de plataformas digitales, incluida la apertura progresiva de internet —con reportes de un acuerdo co
Fuente: La Patilla — Ver nota original