Edgard Romero Nava: El sentido de urgencia que Venezuela necesita

Edgard Romero Nava: El sentido de urgencia que Venezuela necesita

Lapatilla julio 15 2026, 8:41 amPosteado en:  OpiniónCompártelo: Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn En los últimos años, Venezuela ha demostrado una extraordinaria capacidad de resistencia frente a circunstancias económicas, políticas y sociales complejas. Sin embargo, la resiliencia de un pueblo no puede convertirse en una justificación para postergar indefinidamente decisiones que requieren atención inmediata. El país ha llegado a un punto donde resulta indispensable que las autoridades nacionales incorporen el sentido de urgencia como principio rector de la gestión pública. El sentido de urgencia no significa improvisación ni precipitación. Por el contrario, implica reconocer que existen problemas cuya solución no puede seguir siendo diferida porque cada día de retraso genera mayores costos económicos, sociales e institucionales. Se trata de comprender que el tiempo también es un recurso estratégico y que su pérdida afecta las posibilidades de crecimiento y bienestar de la nación. URGENTE: Dos terremotos azotaron La Guaira y hemos preparado un reporte de información actualizada AQUÍ Son numerosos los temas que demandan respuestas oportunas. En materia económica, la necesidad de consolidar reglas claras para la inversión, fortalecer la seguridad jurídica, simplificar trámites administrativos y generar confianza en los actores productivos continúa siendo una tarea pendiente. Cada proyecto que se retrasa representa empleos que no se crean, ingresos fiscales que no se generan y oportunidades que terminan desplazándose hacia otros mercados más competitivos. La industria petrolera constituye un ejemplo evidente. La reciente reforma de la Ley Orgánica de Hidrocarburos abrió expectativas para una nueva etapa de participación e inversiones. Sin embargo, aún existen aspectos regulatorios y operativos que requieren definiciones oportunas. Temas como los valores definitivos de regalías, la reglamentación complementaria, los mecanismos de financiamiento, los esquemas contractuales y la normalización de los procesos de pago a proveedores nacionales necesitan decisiones claras y expeditas para que los objetivos de recuperación productiva puedan materializarse. La infraestructura nacional también exige atención prioritaria. Los sistemas eléctricos, de agua potable, vialidad, puertos y servicios públicos requieren programas de recuperación y mantenimiento sostenidos. La experiencia internacional demuestra que las inversiones en infraestructura generan efectos multiplicadores sobre el empleo, la productividad y la calidad de vida de la población. En el ámbito educativo, la formación de talento humano constituye otra materia urgente. La recuperación económica del país dependerá en gran medida de la disponibilidad de profesionales, técnicos y trabajadores capacitados para responder a los desafíos de una economía cada vez más tecnológica y competitiva. La actualización de programas académicos, el fortalecimiento de las universidades y la vinculación entre el sistema educativo y el aparato productivo no admiten mayores retrasos. La misma urgencia se observa en la modernización institucional. La digitalización de procesos, la reducción de la burocracia y la adopción de mecanismos más eficientes de gestión permitirían mejorar la relación entre el Estado, los ciudadanos y las empresas. En un mundo donde la velocidad de respuesta determina la competitividad de las naciones, los procedimientos excesivamente lentos se convierten en obstáculos para el desarrollo. A nivel internacional, Venezuela enfrenta un entorno de profundos cambios geopolíticos. La transformación de los mercados energéticos, el

Fuente: La Patilla — Ver nota original

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