La ansiedad se ha convertido en un fenómeno cada vez más presente en la vida cotidiana de las personas, afectando significativamente su calidad de vida. Según especialistas consultados, el problema no surge únicamente de las situaciones externas, sino principalmente de cómo el cerebro interpreta y procesa esos eventos. La psicóloga Ludmila Maceri explica que vivimos en una cultura caracterizada por la exigencia permanente de rendimiento, la sobreexigencia constante y la comparación continua en redes sociales. Estos factores, combinados con la inestabilidad económica y la sensación de falta de control, generan un contexto propicio para que la ansiedad se desarrolle y se mantenga de manera crónica.
El doctor en Psicología Flavio Calvo señala que en la actualidad existe una cantidad sin precedentes de estímulos que compiten por nuestra atención, especialmente a través de dispositivos móviles que generan interrupciones constantes. El cerebro humano necesita cierta previsibilidad y estabilidad para poder relajarse, pero hoy en día muchas personas viven con la sensación de que todo puede cambiar abruptamente en cualquier momento. Esta incertidumbre generalizada se convierte en un componente central que alimenta los niveles de ansiedad en la población, independientemente de su edad o condición socioeconómica.
Los especialistas han identificado un ciclo de la ansiedad compuesto por seis fases encadenadas: el estímulo inicial, la interpretación personal o pensamiento automático, la manifestación de ansiedad, la evitación de la situación, el alivio inmediato que genera la evitación, y finalmente el mantenimiento del problema. La clave radica en que muchas veces no es el evento en sí lo que causa la ansiedad, sino el significado que la mente atribuye a ese evento. Maceri enfatiza que la misma situación puede generar respuestas completamente diferentes en distintas personas dependiendo de cómo la interpreten, lo que demuestra que la ansiedad es altamente subjetiva y personalizada.
La fase de interpretación automática emerge como el punto estratégico más importante para interrumpir este ciclo perpetuo. Es en este momento, cuando aparece el pensamiento automático y negativo, donde es posible intervenir de manera efectiva según la terapia cognitivo-conductual. Los especialistas advierten que aunque existen factores físicos, hormonales e históricos que influyen en la ansiedad, trabajar conscientemente sobre cómo interpretamos los eventos puede transformar significativamente nuestra experiencia emocional. Reconocer estos mecanismos automáticos y aprender a cuestionarlos se convierte en la herramienta fundamental para romper el ciclo y recuperar el bienestar.
Fuente: Infobae America — Ver nota original