EntrevistaAnna Victoria Politkovskaya: "Mis compañeros me dijeron que acabaría como mi abuela si no me iba de Rusia"Compartir ComentarXavier ColásXavier Colás BerlínBerlínActualizado Miércoles, 7 octubre 2026 – 00:01AÑADE EL MUNDO EN GOOGLEHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedasGran angular La tormenta perfecta de vulnerabilidad europea que Vladimir Putin puede explotar Entrevista Ilya Ponomarev, disidente ruso: "Me han intentado matar nueve veces. Me persiguen en Kiev, EEUU y Europa. Estoy en guerra" Cuando hace justo 20 años la periodista rusa Anna Politkovskaya fue asesinada a tiros en su casa de Moscú, el 7 de octubre de 2006, su nieta Anna Victoria estaba todavía en el vientre de su madre. La reportera de Novaya Gazeta había denunciado los crímenes de la guerra de Chechenia y el autoritarismo de Putin. Su nieta nació cinco meses después y hoy cuenta cómo sus compañeros de colegio la han amenazado con acabar como su abuela. Vivió en Rusia hasta los 15 años: "Nos marchamos a Letonia en abril de 2022, después del comienzo de la invasión a gran escala de Ucrania". Dos años de secundaria en Roma y de ahí a Ámsterdam a estudiar Ciencias Políticas. Hoy sigue adelante como activista en foros internacionales. Pregunta. Ha crecido bajo la sombra de su abuela, a la que no conoció. Respuesta. Lo viví más como un legado que como una sombra. Es algo que me ha acompañado toda la vida.P. ¿Qué aprendió de ella a través de lo que le contaban en casa?R. Mi madre siempre me decía que, si creía en algo, debía defenderlo: la libertad, el derecho a expresarme. Eso es lo que hizo mi abuela durante gran parte de su vida. Se defendía a sí misma y defendía a quienes no podían defenderse.P. Se marchó de Rusia con 15 años. ¿Qué había comprendido ya sobre lo que ocurría en su país?R. Siempre me había sentido orgullosa de ser rusa, de llevar mi apellido y de defender aquello en lo que creo. En el colegio solía defender a mis compañeros. Durante las clases de Ciencias Sociales hablaba de la Constitución y del Gobierno, y eso me causaba problemas. No estaba bien visto cuestionar las cosas en unas clases donde nos decían que Vladímir Putin era el mejor presidente del mundo. Cuando supe de la matanza de Bucha, las fotografías y los vídeos me dejaron completamente conmocionada. Al día siguiente fui al colegio y descubrí que nadie creía lo que estaba viendo. En Rusia suele haber un profesor encargado de velar por 'la línea política correcta', por llamarlo de alguna manera: mi tutor era esa persona. Recuerdo que llegué a clase a las ocho y media de la mañana y hablé de la matanza, y me respondían que no había sucedido, que era mentira. Me preguntaban por qué decía aquello, si no apoyaba al Gobierno ruso o la invasión de Ucrania. Contesté que no los apoyaba. A partir de ahí, una cosa llevó a otra. Llegaron amenazas muy explícitas contra mí y contra mi familia: nos decían que, si no nos marchábamos, nos matarían. Mis compañeros me dijeron que acabaría como mi abuela si no me iba de Rusia.P. ¿Fue entonces cuando sintió una conexión más profunda con su abuela, al enfrentarse a esas mentiras colectivas?R. Sí. Sentía que estaba haciendo algo importante, que intentaba explicar lo que ocurría, pero aquella reacción me destrozó. P. Cuando piensa en el futuro de Rusia, ¿siente más miedo o más esperanza?R. Una mezcla de ambos. Mi parte optimista quiere creer que hay esperanza para la sociedad rusa. Pero yo crecí en esa sociedad y he visto a personas que conozco, a compañeros de clase, ir a la guerra. He visto a otro profesor alistarse voluntariamente. Me destroza comprobar que hay gente que cree de verdad en la propaganda rusa. Esa maquinaria funciona con tanta eficacia que a veces pienso que quizá no haya cambios en un futuro próximo.P. ¿Cuál fue su primera gran conmoción política?R. Una investigación de Alexei Navalny en 2017. Fue el primer vídeo sobre política que recuerdo haber visto. Después fui a preguntarle a mi madre: "Mamá, ¿todo esto es verdad?".
Fuente: El Mundo — Ver nota original