José Luis Rodríguez Zapatero llegó a Venezuela en diciembre de 2015 como observador para las elecciones parlamentarias, pero rápidamente consolidó su posición como una figura política influyente dentro del gobierno de Nicolás Maduro. Su transformación de visitante a actor central en la política venezolana ocurrió en poco más de dos años, durante los cuales estableció relaciones cercanas con los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez, quienes facilitaron su acceso al círculo íntimo del régimen. Este ascenso político inesperado permitió al ex presidente español recuperar relevancia internacional después de haber experimentado un considerable desprestigio tras sus políticas económicas fallidas en España.
En las elecciones presidenciales de mayo de 2018, Zapatero jugó un papel determinante respaldando la candidatura de Henri Falcón, un ex gobernador de Lara, a pesar de que la oposición venezolana boicoteaba los comicios y no lo respaldaba. Con una confianza que luego resultaría infundada, Zapatero predijo que Falcón causaría una sorpresa electoral. Sin embargo, la candidatura fracasó estrepitosamente, obteniéndose apenas el 20% de los votos frente al 68% que alcanzó el presidente en ejercicio Nicolás Maduro. A pesar de este rotundo fracaso electoral, Zapatero continuó consolidando su influencia dentro de las estructuras de poder chavistas.
La influencia del político leonés en Venezuela ha sido acompañada por su participación como testigo directo de actos de corrupción a escala monumental. Según datos del propio gobierno chavista, aproximadamente 500.000 millones de dólares procedentes principalmente de la bonanza petrolera han desaparecido de las arcas estatales o fueron malgastados en campañas políticas nacionales e internacionales. Zapatero ha operado dentro de un sistema caracterizado por la impunidad absoluta, donde estos delitos graves ocurren sin consecuencias legales aparentes. La magnitud de estos desfalcos representa el mayor robo institucional en la historia de la nación sudamericana.
Zapatero ha visualizado su rol en Venezuela como una oportunidad para restaurar su prestigio internacional dañado y, potencialmente, para alcanzar objetivos más ambiciosos como el Premio Nobel de la Paz. Desde la residencia del embajador español en Caracas, el ex mandatario español ha actuado como asesor político en la sombra, delineando planes políticos y económicos para el gobierno de Maduro. Su proximidad con figuras clave como Delcy Rodríguez, quien fungía como ministra de Comunicación, consolidó su posición como un canciller informal del régimen bolivariano durante esta década de influencia política en Venezuela.
Fuente: La Patilla — Ver nota original