Liderazgo chavista sacrifica a Alex Saab, hombre fuerte de Maduro

La cúpula chavista ha orquestado una estrategia de distanciamiento respecto a Alex Saab, el empresario que durante años fue considerado uno de los hombres de confianza del presidente Nicolás Maduro. En apenas tres días, Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, propinó el golpe de gracia al histórico aliado del régimen, quien fue deportado a Miami el sábado pasado enfrentando cargos por lavado de dinero y soborno a altos funcionarios. Rodríguez utilizó la ocasión para insinuar conexiones ocultas entre Saab y agencias estadounidenses, sugiriendo que la relación del empresario con Washington trasciende lo que hasta ahora se conocía públicamente. Este movimiento representa un giro estratégico del poder en Caracas, donde los antiguos defensores de Saab ahora lo presentan como un problema solucionado.

La narrativa oficial que ha emergido desde la detención de Saab en febrero sugiere que el empresario operaba con una agenda propia, independientemente de su cercanía con Maduro, y contaba con suficiente poder para ejecutarla. Los círculos judiciales cercanos al régimen insinúan que sus delitos van más allá de la corrupción y el peculado conocidos, apuntando a un historial criminal más extenso aún por revelar. Rodríguez planteó deliberadamente interrogantes sobre si Saab habría cometido otros actos criminales, dejando la puerta abierta a futuras revelaciones que mantendrían alejado del foco mediático al empresario caído en desgracia.

La deportación de Saab ha generado cuestionamientos tanto entre chavistas leales como en la oposición respecto a las motivaciones reales del régimen. ¿Por qué fue tratado como extranjero cuando durante años se proclamó con orgullo su nacionalidad venezolana? ¿Cuál fue la legalidad del procedimiento? ¿Qué ganaba la dirección chavista al sacrificar a una figura clave del poder hasta hace apenas algunos meses? La respuesta de los líderes revolucionarios fue contundente: permitieron que la controversia se disipara durante casi dos días y luego contraatacaron con una narrativa unificada en la que Saab dejaba de ser su responsabilidad.

La ofensiva fue coordinada entre los máximos líderes del régimen. Diosdado Cabello fue el primero en romper filas al anunciar que Saab había obtenido fraudulentamente la nacionalidad venezolana. Posteriormente, Delcy Rodríguez argumentó que todas las decisiones tomadas desde el 3 de enero respondían a intereses de Venezuela, incluyendo la entrega del empresario. Finalmente, Jorge Rodríguez, quien paradójicamente lo había rescatado de una extradición en 2023, invocó el caso del general cubano Arnaldo Ochoa para construir su defensa: que la traición de una persona no mancha a quien confió en ella. La frialdad con que la cúpula chavista ha tratado la caída de uno de sus aliados históricos más visibles sugiere que perciben este sacrificio no como una pérdida, sino como la eliminación de un problema incómodo.

Fuente: El Pais — Ver nota original

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