Una explosión de gran magnitud ocurrió el 25 de marzo de 1993 en la Planta Lama, una instalación de gas operada por la filial Maraven de Petróleos de Venezuela (Pdvsa), ubicada en el Lago de Maracaibo, estado Zulia. El complejo se encontraba en el Bloque 5, en aguas del lago cerca de Lagunillas, en la costa oriental. Según registros de la época, la detonación inicial generó una nube de gas que segundos después fue seguida por una segunda explosión de mayor magnitud, causando severos daños a toda la infraestructura de la instalación.
El siniestro se registró específicamente en una planta compresora de gas y extracción de líquidos del Bloque IX, en el centro del Lago de Maracaibo. Las investigaciones preliminares determinaron que la causa fue una acumulación peligrosa de gases que encontró su punto de ignición durante las maniobras de arranque de una de las turbinas de compresión del complejo. Este fallo en los procedimientos de seguridad resultó catastrófico para la instalación y sus ocupantes.
El evento fue considerado uno de los más críticos de la industria petrolera venezolana durante esa década. En un primer balance se reportaron diez víctimas fatales, aunque esta cifra fue posteriormente actualizada al alza en reportes posteriores, reflejando la verdadera magnitud de la tragedia. El impacto humano y material del accidente marcó un hito negativo en la historia de la industria energética nacional.
Este nuevo siniestro que ocurrió recientemente en instalaciones similares ha traído a la memoria la tragedia de Planta Lama, recordando a los venezolanos los riesgos inherentes a la operación de plantas de gas y extracción en ambientes marinos. Los accidentes como estos ponen de relieve la importancia crítica de mantener altos estándares de seguridad industrial y de implementar protocolos rigurosos en plantas de procesamiento de hidrocarburos.
Fuente: La Patilla — Ver nota original