Miles de soldados y civiles ucranianos han sido sometidos a violencia física y psicológica sistemática en centros de detención rusos y en territorios ocupados de Ucrania, según revelaron nueve testimonios recogidos por la AFP, entre ellos de funcionarios de prisiones rusas que han huido del país. Los relatos documentan casos de palizas brutales, negación de atención médica y muertes en cautiverio, como la de un joven teniente ucraniano que falleció en octubre de 2022 tras sufrir heridas infectadas sin recibir cuidados médicos adecuados. Estos testimonios son corroborados por informes de organizaciones no gubernamentales y de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, del cual Rusia es miembro.
Tres ex funcionarios de prisiones rusos que desertaron confirmaron la magnitud de los abusos y revelaron que sus superiores les habían dado "carta blanca" para cometer actos de violencia contra los detenidos. El activista ruso Vladimir Osechkin, director de Gulagu.net, una organización que documenta abusos en el sistema penitenciario ruso, denunció que el "sistema de tortura y crueldad" está controlado conjuntamente por el poderoso servicio de seguridad FSB, las autoridades penitenciarias y los órganos judiciales, evidenciando una práctica sistemática y coordinada.
Según un informe de la OSCE de octubre, nueve de cada diez prisioneros ucranianos afirmaron haber sido maltratados, mientras que el 42 por ciento declaró haber sido víctima de violencia sexual. Muchos de estos detenidos aparecen demacrados y desnutridos al ser liberados durante los intercambios de prisioneros, y la mayoría ha sido privada completamente de contacto con el mundo exterior, reproduciendo las condiciones de aislamiento extremo característica de los gulags estalinistas.
Los esfuerzos sistemáticos de Moscú por ocultar estas prácticas incluyen la disposición de cuerpos sin identificar en tumbas sin nombre y la represión de cualquier información que salga a la luz. Con más de 22.000 detenidos en estas condiciones, la situación representa una crisis humanitaria de dimensiones considerables que continúa documentándose a través de testimonios de sobrevivientes y familiares de desaparecidos.
Fuente: Infobae — Ver nota original