El presidente estadounidense Donald Trump enfrenta una creciente lista de fracasos diplomáticos y políticos que contradicen su narrativa de éxito permanente. Desde su fallido intento por controlar Irán y cambiar su régimen, pasando por la imposibilidad de abrir el estrecho de Ormuz o anexionarse Groenlandia, hasta la incapacidad de frenar la inflación doméstica, Trump se ve envuelto en un callejón sin salida en múltiples frentes de su agenda internacional.
Esta situación resulta particularmente irónica considerando que en la retórica del trumpismo, el término «loser» (perdedor) es utilizado constantemente para descalificar a sus rivales políticos. El mandatario ha construido su imagen pública sobre un discurso de victorias sin fin y éxitos empresariales, lo que contrasta dramáticamente con la realidad de sus actuales reveses geopolíticos y económicos.
Los fracasos de Trump se extienden más allá de Irán. Su estrategia de presión económica contra Teherán no ha logrado resultados comparables a los 37 días de devastadores bombardeos previos, mientras que simultáneamente enfrenta dificultades para mantener el control sobre sus aliados teóricos de la OTAN y pierde terreno en la guerra comercial contra China. La administración también ha sido incapaz de imponer su visión respecto a Ucrania y otros conflictos internacionales.
De acuerdo con análisis de la política exterior estadounidense, la situación con Irán representa el peor de estos fiascos. Los ayatolás iraníes, en su última respuesta a las demandas de Washington, han rechazado prácticamente todas las exigencias estadounidenses, demostrando que la presión económica por sí sola no es suficiente para lograr un cambio de régimen o una capitulación diplomática de semejante magnitud.
Fuente: ABC Espana — Ver nota original