‘Yo no estoy gordo, solo tengo un par de kilos de más’ - EntornoInteligente
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“No creo que esté gordo, y menos que sea un enfermo; de ser así, todo el mundo lo estaría”. Miguel Ángel Rincón, de 1,80 metros de estatura y 92 kilos de peso, asume así el llamado de atención que le hizo su médico al recomendarle una rutina de ejercicio y una dieta para bajar de peso. Rincón tiene un índice de masa corporal de 27,17, o sea que está en franco sobrepeso.

“Si la humanidad ha aumentado de estatura, ¿por qué no puede aumentar también de peso?”, pregunta antes de afirmar que cuando se reúne con sus compañeros de colegio, todos están algo rollizos.

El pensamiento de Rincón, explica la nutricionista Nohora Bayona, de la Universidad Nacional, es producto de una convención social no verbalizada que ha convencido a muchos de que es aceptable sobrepasar los rangos de peso que dicta la medicina. Lo grave es que, según un estudio publicado por el ‘Journal of the American Medical Association’, cada vez menos adultos con sobrepeso son conscientes de que deben bajar de kilos.

De hecho, la economista Mary A. Burke, investigadora del comportamiento social, le dijo a ‘The New York Times’ que “los estadounidenses parecen haberse ajustado a una nueva norma con respecto al sobrepeso”. Una situación que no solo afecta a ese país, a juzgar por la última Encuesta Nacional de Situación Nutricional (2015), que ubicó en sobrepeso al 56,4 por ciento de los colombianos, y en obesidad, al 18,7 por ciento.

“En el imaginario de mucha gente, esta es una condición incluso favorable, tanto que en los niños la redondez es sinónimo de salud”, comenta el endocrinólogo Iván Darío Escobar.

Sepa si está en grave riesgo, según las medidas de su cintura Las cinco comidas que más engordan, según la ciencia El 20 por ciento de la población en Colombia es obesa Siete medidas para que la hipertensión arterial no lo mate No es estética, es salud Esta actitud complaciente con la grasa se ha convertido en una gran preocupación de los expertos. Hernando Nieto, presidente de la Asociación Colombiana de Salud Pública, considera que la aceptación social del sobrepeso permite presagiar un panorama oscuro en la salud y el bienestar colectivos, así como un aumento desproporcionado en los costos generados por las enfermedades crónicas relacionadas. “Es claro que las enfermedades cardiacas, la hipertensión, la diabetes y algunos tipos de cáncer tienden a crecer por esta causa”, añade Nieto, quien asegura que este factor debe ocupar un lugar en las prioridades de los hacedores de políticas públicas en el país.

Pero el asunto no para ahí. El endocrinólogo Iván Escobar asegura que cada vez más personas se niegan a creer que tienen sobrepeso, incluso lo ven de manera positiva, por lo que son menos dadas a acceder a los tratamientos para perder kilos.

“Son personas a las que es muy difícil convencer de que ingresen a un programa para enfrentar la obesidad”, retoma la nutricionista Bayona, y mucho más, según ella, “si son jóvenes y en su entorno otros piensan igual”. En otras palabras, “se ha caído en un conformismo peligroso en el que el sobrepeso se ve como una cuestión estética para nada grave y no como lo que es: un problema de salud”.

El doctor Hernando Nieto también dispara contra la forma como medios y redes sociales ayudan a vender la falsa idea de que existen remedios milagrosos para perder peso en poco tiempo, con lo cual no hay nada de qué preocuparse. “Las liposucciones –que solo mejoran lo estético– se promocionan a granel, al igual que supuestos quemadores de grasa, geles reductores, fajas y otros artilugios, la mayoría sin registro sanitario alguno. Y todo eso alimenta la epidemia de obesidad en el mundo, porque la gente se alimenta mal, no se mueve y luego se va y se hace una lipo y listo… O al menos así lo creen ellos, porque la ‘procesión va por dentro’, y esa procesión es el deterioro de su salud”.

Tampoco ayuda, dice Esperanza Cerón, directora de Educar Consumidores, que se promocionen de manera indebida productos procesados con altos contenidos de grasas, azúcares, sodio y aditivos insanos, pero que son mostrados como nutritivos o, incluso, saludables.

“Ese es uno de los pilares que han cambiado las conductas alimentarias en contra de la salud, incluso desde la niñez”, añade.

Eduard H. Livingston, autor de un editorial sobre el tema en la revista ‘Journal of the American Medical Association’, dice que la mejor estrategia es insistir en promover el ejercicio como la fuente básica de una salud óptima, independientemente del peso. Con esto, aseguran especialistas de la Universidad de Texas, se favorecen las condiciones cardiorrespiratorias que, al deteriorarse, representan un mayor riesgo para la salud que la propia obesidad.

Un estudio hecho en la Escuela de Medicina de la Universidad de Carolina del Sur evidenció que en personas con peso normal, aquellos que tenían mejor forma física presentaban menor riesgo de muerte. “Esto quiere decir que, independientemente de lo que pesen, los que hacen ejercicio tienden a prolongar su vida”, explica Escobar.

En el imaginario de mucha gente, esta es una condición incluso favorable, tanto que en los niños la redondez es sinónimo de salud

FACEBOOK TWITTER Moverse es la clave Frente a la propuesta de promover la idea de ser más activos y preocuparse más por moverse que por perder kilos, Gabriel Robledo, director del Centro Cardiológico de Bogotá, asegura que es una buena estrategia si se tiene en cuenta que muchas personas encuentran frustración con la realización de dietas repetidas sin resultados. “Si la gente no pierde diez kilos, piensa que no está haciendo nada”, dice Robledo, quien, por contra, exalta que a medida que la persona ve que cada vez logra mayor capacidad física con el ejercicio, automáticamente cambian los hábitos alimentarios; y así no se baje de peso , eso siempre es favorable.

El endocrinólogo Escobar va más allá al decir que hay que sacar provecho de un estudio publicado en Preventive Cardiology (revista de la Sociedad Europea de Cardiología), que demostró que el solo hecho de estar de pie disminuye el riesgo de muerte prematura. Por eso recomienda, de manera enfática, proyectar estrategias para inducir en la gente no la idea del ejercicio pleno, “sino que empiece por mantenerse más tiempo de pie y que elija caminar como una práctica rutinaria”.

La clave está en incorporar el ejercicio dentro de nuestras vidas cotidianas, a la par que consumen alimentos más saludables, con menos calorías. Eso sí, las autoridades sanitarias deben insistir en disminuir la oferta en el mercado de elementos procesados, comida chatarra y bebidas azucaradas, opina.

Y con eso parece comulgar Miguel Ángel Rincón, quien asegura que si todo el mundo camina y come mejor, mucha gente se vería invitada a hacerlo. “Si progresivamente la gente es más activa y de esa manera está mucho mejor, sería una tontería no pensar en que yo también puedo hacerlo; pero no me obliguen a bajar de peso mientras todos a mi alrededor siguen gordos”, subraya.

En resumen, dice la experta Mary A. Burke, es importante que la gente entienda que no debe pelear con su peso, pero sí empezar por aceptar que una mejor capacidad física prolongará y mejorará su vida. Moverse más y por ahora olvidarse del peso “debe ser la consigna para enfrentar la vida con una expectativa mejor”, concluye el psiquiatra Rodrigo Córdoba.

CARLOS FRANCISCO FERNÁNDEZ

Asesor médico de EL TIEMPO

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LINK ORIGINAL: El Tiempo de Colombia

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