X: @douglazabala El convenio, firmado el 28 de agosto de 2026, otorga a Estados Unidos el control sobre 65.000 millones de barriles de crudo distribuidos en 17 campos y se proyectan ingresos de 209.000 millones de dólares en 25 años. A primera vista, esta información ha resultado aleccionadora, pero, como lo ha señalado María Corina Machado: «el patrimonio de nuestro suelo no le pertenece a un régimen ilegítimo, le pertenece al pueblo venezolano». La líder de la oposición democrática reconoce que «Los Estados Unidos son el principal socio que Venezuela necesita para desarrollar a plenitud su valor estratégico». Por esa poderosa razón recuerda que un convenio de esta magnitud no puede ser sellado por un gobierno interino sin legitimidad democrática. Por ello, desde Panamá ha dicho: «Sabemos que no hay desarrollo posible sin instituciones sólidas y un gobierno electo por voto popular. Esa es la única y verdadera garantía de éxito y estabilidad para cualquier inversión a largo plazo». ¡Algo huele mal en Dinamarca! Porque mientras Machado reclama un calendario electoral para elegir un nuevo presidente, Donald Trump ha declarado que Venezuela «no va a estar lista» para celebrar elecciones y, de paso, elogia a Delcy Rodríguez, a quien califica de «muy respetada» y asegura que está haciendo un «muy, muy buen trabajo». La pregunta podrá resultar incómoda, pero ¿por cuánto tiempo se prolongará ese interinato con los mismos autores de la tragedia que padece el país y lo mantiene al borde de un estallido social? No podemos esconder que el acuerdo petrolero de Trump podría fortalecer al gobierno interino de Delcy Rodríguez y retrasar la transición democrática en Venezuela. ¿Será que para Trump, lo primero es el petróleo y nunca le ha interesado realmente el tema democrático? Aquí nadie se puede oponer al convenio. Venezuela necesita inversiones gigantescas en su sector energético, pero esos convenios, para ser sostenibles, requieren un marco de transparencia y legalidad democrá
Fuente: Tal Cual — Ver nota original