Vuelve Falcó, el personaje malvado de Pérez-Reverte - EntornoInteligente

Entornointeligente.com / El Observador / Si un cambio ha traído la posmodernidad es la caída del héroe. Atrás quedaron los seres impolutos, capaces de grandes sacrificios y grandes hazañas, los heraldos del bien frente al mal. Borradas de un plumazo de la cultura popular palabras como lealtad, sacrificio, generosidad o solidaridad, la tendencia hoy es mostrar que nadie posee el monopolio de la virtud, que todos los ídolos tienen los pies de barro y que detrás de todo buen ser humano se esconde seguramente un monstruo.

El problema es que lo que parecía una buena idea (dejar de separar al mundo en buenos y malos, darle cabida a los grises para buscar realismo) se transformó rápidamente en un culto a la maldad y a la ambición. De ahí el éxito de series de televisión basadas en personajes nefastos. De ahí la tendencia a aplaudir al trepador que se sale con la suya, a aceptar que el fin justifica los medios, a confundirlo con un héroe aunque capítulo tras capítulo se hunda cada vez más en el barro.

Pasa en la televisión y pasa en la literatura, como lo demuestra Eva, segunda novela protagonizada por el personaje Lorenzo Falcó, creado por Arturo Pérez-Reverte como una especie de reverso malvado de su popular héroe espadachín: el capitán Alatriste . Todo lo que tiene de bueno uno lo tiene de malo el otro.

El espía al servicio de Franco que propone Reverte es un personaje difícil de digerir se mire por donde se mire. Falcó es un mercenario al servicio del mejor postor, un hombre capaz de torturar sin piedad, de matar gente como polillas, golpear a hombre y mujeres por igual, sobornar a quien sea y venderle el alma al diablo una y mil veces si es necesario.

Pero es también un James Bond a la española, ya que viste impecable, usa objetos de marcas populares de lujo, tiene licencia para matar y es un don Juan empedernido que causa estragos entre las filas femeninas, seduciendo por igual a viudas desamparadas o a espías soviéticas como Eva, su némesis pero también su amor imposible.

Que Reverte logre amalgamar todos estos elementos y que le salga una novela más que aceptable, dinámica y entretenida, no deja de ser un milagro que habla del oficio del autor español para contar historias. Es muy buena la ambientación en Tánger y en Portugal, y el retrato de cada personaje que aparece en el texto. Desde su jefe, un almirante que como Falcó se las arregla como puede con su conciencia y su papel, hasta el sicario homosexual que lo ayuda en la delicada misión de recuperar el oro español que los partidarios de la República están enviando por barco a Moscú.

La novela también se luce a la hora de mostrar el caos español y europeo de la época. Como le dice un policía portugués a Falcó “Una guerra civil para cambiarle el color a una bandera es mucha guerra. Los españoles estáis locos. Lleváis veneno en la leche”. Es de las pocas veces en el libro en que Reverte se expide sobre el asunto más delicado, dando su opinión de lo que fue esa guerra mortal entre hermanos.

En este sentido el libro, al igual que el primero de la serie, ha levantado polvareda dentro de una España que vive tiempos difíciles y mira al pasado con el rabillo del ojo. Se le ha cuestionado duramente que pone a los dos bando en igualdad de condiciones, equilibrado los horrores, repartiendo culpas por igual. Preguntado sobre el tema, el autor ha dicho que sí hubo diferencias. Pero lo cierto es que en la novela no se notan.

Entre otras cosas, porque la espía comunista encarna perfectamente el estoicismo soviético y la valentía por un ideal, pero también es una mujer incapaz de pensar por sí misma, una asesina sin escrúpulos al servicio de Stalin y una traidora llegado el caso. Eva tiene el encanto de las novelas de folletín y también todos sus defectos.

Vuelve Falcó, el personaje malvado de Pérez-Reverte

Con Información de El Observador

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