Venezuela sepultada bajo los escombros de un Estado fallido

Lapatilla junio 27 2026, 7:37 amPosteado en:  Destacados, NacionalesCompártelo: Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn Personas transportan ayuda humanitaria este viernes, en La Guaira (Venezuela). El ministro de Interior de Venezuela, Diosdado Cabello, anunció la restricción del acceso al estado La Guaira (norte, cercano a Caracas), el más afectado por los terremotos, a partir de las 20.00 horas locales (00.00 GMT) de este viernes. EFE/ Ronald Peña R     Hay catástrofes que, además de segar vidas, desnudan verdades. El doble terremoto que el pasado 24 de junio asoló el norte de Venezuela —dos sacudidas de magnitud 7,2 y 7,5 separadas por apenas treinta y nueve segundos, las más violentas en más de un siglo— no solo ha sepultado a miles de venezolanos bajo el hormigón: ha dejado al descubierto, con una crudeza insoportable, la absoluta incapacidad del régimen narcoterrorista castro-chavista para construir un Estado serio, esto es, un Estado capaz de garantizar a sus ciudadanos lo más elemental: protección, servicios básicos y seguridad. La incompetencia, el latrocinio y la fuga de talentos han destruido casi todas las capacidades del Estado. Venezuela atraviesa un plan de TRES FASES, déjanos tu correo y te actualizaremos al momento Por larazon.es Porque eso es, exactamente, lo que hoy brilla por su ausencia más absoluta. En las zonas devastadas no hay presencia alguna del Estado venezolano —ni en el nivel federal, ni en el estatal, ni siquiera en los municipios férreamente dominados por el chavismo—. Quienes escarban entre los escombros, quienes auxilian a los heridos, quienes rescatan a los atrapados, son los voluntarios, los vecinos y algunas policías locales abandonadas a su suerte. El aparato que durante años se proclamó “revolucionario” y “protector del pueblo” se ha evaporado en el preciso instante en que el pueblo más lo necesitaba, cuando la furia de la naturaleza se desata. Cifras desoladoras El epicentro se situó en Yaracuy, pero la onda destructora alcanzó de lleno al estado costero de La Guaira —declarado “zona de desastre”—, a Caracas, a Carabobo y a Aragua, donde edificios enteros se desplomaron sobre familias reunidas en un día festivo. Se calcula que hay decenas de miles de desaparecidos. Y me temo que esto no sea más que una pálida sombra de lo que los cálculos de las agencias más reputadas temen. En las áreas más castigadas, con miles de viviendas mal construidas durante casi tres décadas de saqueo y desplomadas como castillos de naipes, las víctimas mortales podrían contarse, cuando se levanten todos los escombros, por decenas de miles. Es una cifra que estremece, y que la opacidad sistémica del régimen impedirá probablemente conocer en su magnitud real. No se trata de una fatalidad geológica sin más. Se trata, sobre todo, de la consecuencia previsible de un modelo. Durante años, este régimen despiadado dilapidó la inmensa riqueza de Venezuela no en hospitales, ni en viviendas dignas, ni en infraestructuras capaces de resistir, sino en enriquecer a su cúpula y en financiar una vasta red de corrupción internacional: mordidas a dirigentes extranjeros, lobbies comprados en medio mundo, financiación de partidos de extrema izquierda que se convirtieron en sus voceros en España y otros países. En suma una inmoral y, a la vista de esta tragedia sin límites, repugnante operación de influencia y propaganda, así como de complicidades adquiridas a golpe de petrodólares mientras el venezolano de a pie carecía de lo más básico. El dinero que debió blindar escuelas y reforzar edificios sirvió para comprar voluntades en capitales ajenas. Hoy, el resultado de esa traición s

Fuente: La Patilla — Ver nota original

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