Venezuela: negociar para abrir el horizonte electoral, por Leopoldo Martínez Nucete Opinión TalCual octubre 25, 2026 La delegación de la Asamblea Nacional de 2015 tiene ante sí una responsabilidad decisiva: impulsar un entendimiento con la Asamblea de 2026 que permita construir las condiciones institucionales y políticas para una elección creíble. La tercera ronda de negociaciones entre las delegaciones de las asambleas de 2015 y 2026 deja anuncios sobre garantías políticas y renovación institucional, junto con interrogantes sobre su alcance y cumplimiento. Las lecturas de sus resultados oscilan entre la valoración de avances graduales y el escepticismo ante la ausencia de definiciones decisivas sobre el horizonte electoral. Esa distancia entre lo anunciado y lo que todavía debe concretarse merece una evaluación serena y exigente. La discusión debe ayudarnos a precisar qué resultados corresponde exigir a este mecanismo y cómo verificar que se cumplan. Su credibilidad dependerá de su capacidad para convertir los entendimientos en garantías efectivas y abrir una ruta electoral confiable. Por eso resulta especialmente importante preservar el foco de la negociación. La delegación de la Asamblea Nacional de 2015 tiene ante sí una responsabilidad decisiva: impulsar un entendimiento con la Asamblea de 2026 que permita construir las condiciones institucionales y políticas para una elección creíble. Para cumplir esa tarea, necesita concentrarse en un mandato preciso: la renovación del Tribunal Supremo de Justicia y del Consejo Nacional Electoral, las garantías para la participación política y un cronograma electoral que pueda acordarse, ejecutarse y verificarse. La máxima minimalista de «menos es más» resulta particularmente pertinente. Muchos de los avances indispensables pueden lograrse mediante decisiones que hagan efectiva la Constitución y las normas vigentes. Condicionarlos a extensos debates legislativos o a una reforma integral de las instituciones podría demorar sol
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