Venezuela inspiró a músicos de Soma - EntornoInteligente

Entornointeligente.com / ENTORNOINTELIGENTE.COM / Un instrumento musical puede cambiar una vida. A pesar de que los seres humanos, en ocasiones, son presas de circunstancias que ahogan las esperanzas, la ejecución de un violín, de un contrabajo, de un cello, de un clarinete, de un piano, en fin, de cualquiera de estas herramientas de paz, puede iluminar hasta el panorama más desalentador y elevar al individuo para que se levante de cualquier vaivén nefasto. Ayamo Nakagawa, de 12 años de edad, es ejemplo de esto. Decenas de niñas y niños residentes de la ciudad de Soma, en la prefectura de Fukushima, Japón, perdieron a familiares y amigos el fatídico 11 de marzo de 2011. Aquel día, un terremoto de 9.0 grados (de los más fuertes conocidos hasta ahora) y un tsunami, que vino minutos después del movimiento telúrico, segó la vida de cerca de 15 mil personas. Y, por si fuera poco, en la región donde vive Ayamo se produjo un escape de radiación debido a daños que sufrió una planta nuclear del sector. El estoicismo de los japoneses los llevó a levantarse. Hoy, Soma tiene otra cara infraestructuralmente. Aunque aún se ven postes doblados por la fuerza del agua y casas mordidas por el violento torrente, buena parte del lugar fue repoblada y las viviendas erigidas nuevamente. No obstante, por dentro, en donde no se ve, hay heridas que todavía duelen, hay un tejido social quebrado que llevará un poco más de tiempo en sanar. A Ayamo, con mirada tímida y voz apagada, le gustaría ser profesora en el futuro. Si hay algo que disfruta es escuchar melodías y tocar violín con sus amigas y amigos. “Es especial para mí”, expresa, y añade que se divierte mucho interpretando lo que ha aprendido hasta el momento en dos meses de trabajo formativo en la escuela primaria Sakuragaoka. Allí conoció la música, justo después del terremoto y del tsunami que tanto le arrebató. ¿Cómo fue posible eso? Gracias a un grupo de hombres y mujeres, encabezados por Yutaca Kikugawa, quienes decidieron apoyar a los afectados por la tragedia, inspirados en una iniciativa que nació al otro lado del mundo. ¿Dónde? ¡En Venezuela! El Sistema Nacional de Orquestas fue manantial de luz para un grupo de japoneses que decidieron aplicar la metodología nacional de trabajo social mediante la música. El llamado Sistema de Japón nació en marzo de 2012, a un año de la tragedia. En ese sentido, Kikugawa y su equipo hicieron contacto con los encargados de la Fundación Musical Simón Bolívar en Venezuela, para entender el funcionamiento del método de enseñanza criollo y así poder adaptarlo a su país. En palabras del embajador de Venezuela en Japón, Seiko Ichikawa, existe “la necesidad no solo de la reconstrucción física y material de la zona, sino también la reconstrucción de las vidas de tanta gente que sobrevivió, pero que quedó desolada con la pérdida de familiares y amigos”. En julio de 2012 arrancó el proyecto en escuelas primarias de la ciudad de Soma. Allí las niñas y niños están siendo formados musicalmente, lo que les permite compartir con otros pequeños de su edad y les ofrece una forma de expresión de sus emociones. Tras dos meses de trabajo, los jóvenes ya están familiarizándose con las notas y los instrumentos que tocan. “Yo he ido varias veces a Soma donde está ocurriendo el Sistema Japón, pero veo que hay mucho para recuperar, físicamente y mentalmente. En este momento no hay problemas de salud para los chicos, pero mentalmente están luchando para vivir día a día. Ellos tienen que estar al frente para la recuperación de esta zona afectada”, acotó Kikugawa. Día de compartir El pasado domingo fue especial para parte del grupo de más de 120 niñas y niños que integran el núcleo de formación musical de Soma. Los pequeños disfrutaron de un hermoso recital que estuvo a cargo del Cuarteto Libertadores, constituido por los violinistas Ollantay Velásquez y Eddie Cordero, el violista Otto Rodríguez y el cellista José David Márquez, y que contó también con la participación de la pianista japonesa Mami Hagiwara. Movimientos de Ludwig van Beethoven y de César Frank; el Señor Mouse, de Chick Corea; Skylife, de David Balakishnan, y una tonada de Fryderyk Franciszek Chopin, fueron el repertorio que ofrecieron los músicos venezolanos y la pianista nipona en la cancha de la escuela Sakuragaoka, la cual tuvo que ser totalmente reconstruida, pues el agua del Pacífico se la llevó completa en 2011. “La música es el mejor estímulo que puedan recibir estos niños. Es algo que llena en cuerpo y alma. El que vive de la música, después no quiere vivir de más nada. Para nosotros es un privilegio estar aquí y verlos. Con lo bueno y lo malo que sucede, la música va a ser su cobija y siempre va a estar ahí para ellos”, dijo Cordero al concluir el recital. Los intérpretes venezolanos, acompañados por una delegación de la Fundación Musical Simón Bolívar, entre los que estaba su director ejecutivo, Eduardo Méndez, visitaron la escuela Sakuragaoka para llevar un mensaje de paz y solidaridad y ratificar el compromiso de apoyo al naciente Sistema de Japón, en el marco de la gira asiática que está realizando la Orquesta Sinfónica Juvenil de Caracas. “La idea es sembrar esperanza en esta población que ha asumido el ejemplo del Sistema de Orquestas venezolano para beneficiar a los niños y jóvenes, e incluso a algunos adultos, quienes, a través de la música, han podido llenarse de solidaridad y esperanza”, señaló Méndez. Además, agregó que “las visitas venezolanas no son solo un evento artístico, el evento artístico es esencialmente la muestra, la vitrina del trabajo de alto nivel, pero eso siempre está conectado a actividades académicas, sociales, pe− Los infantes leyeron más sobre la orquesta nacional. Foto lUIS rIVERO dONALLE dagógicas, que giran en torno a la visita”. Apuntó también que a partir del mes de febrero empezarán a llegar delegaciones criollas para participar en la formación de las niñas y niños de Soma. Frank Di Polo, cofundador del Sistema de Orquestas de Venezuela, fue el primer músico criollo en visitar Soma: “Para mí fue muy impactante porque llegué allá y ellos tocaron para mí. Verlos luchar después de esa tragedia que tuvieron, casi todos son huérfanos. Para mí ese es el milagro japonés. A mí me impactó muchísimo (…) Debe haber miles de Soma en todo Japón porque sembrar la música en los niños a esa edad es como lo hicimos nosotros en Venezuela, hoy un país lleno de orquestas”. Antes de culminar la jornada, los infantes japoneses tocaron las piezas Concierto para dos violines en La menor, de Antonio Vivaldi, y Serenata nocturna, de Wolfgang Amadeus Mozart, acompañados por los integrantes del Cuarteto Libertadores y dirigidos por el profesor Yohei Asaoka. Las sonrisas iban y venían. Se notó que disfrutaron ese encuentro que sirvió para depurar las técnicas, gracias a los consejos sabios de los músicos venezolanos. La actividad culminó con una fotografía de todo el grupo. Esa imagen quedará guardada para siempre en la retina de los que asistieron a ese acto, pues significó la siembra de una semilla de paz y solidaridad que, con el paso del tiempo, seguramente florecerá en amor www.entornointeligente.com

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