Venezuela en una taza

Venezuela en una taza

SOLEDAD MORILLO BELLOSO 21/09/2026 05:02 am Nunca he sido de esos que cargan el alma con complejos ajenos, creyendo que lo venezolano es un ensayo imperfecto de lo que hacen otros países. No. Yo crecí sabiendo que este país, con su mezcla de terquedad y ternura, tiene un brillo propio. No soy pedante —esa enfermedad del espíritu que vuelve a la gente insoportable— pero sí creo que hay que aprender a valorar lo nuestro, a mirarlo sin la neblina de la desconfianza, con la certeza de que aquí también se hacen cosas que merecen aplauso.Hoy, por uno de esos regalos inesperados que la vida me deja en la puerta como quien deja una fruta madura en la ventana, descubrí un lugar que ni sabía que existía. Un sitio pequeño, sin pretensiones, sin esa manía de disfrazarse de lujo. Pero ay, qué lujo es. Un lujo silencioso, íntimo, de esos que se sienten en la piel. Un club de café.Un templo chiquito donde cada centímetro parece bendecido por la paciencia y el cariño. Un espacio que despierta los sentidos y las pasiones, que hace que uno respire más hondo, como si el aire tuviera memoria.Su lema es una declaración de identidad: “Venezuela en una taza”. Y no es metáfora vacía. Es verdad líquida.Hablamos de café, claro. Ese compañero que ha estado en nuestra historia desde los albores del país. Café que a mí me huele a amaneceres en los cuatro costados de Venezuela, a cocinas honestas, a patios con gallinas, a conversaciones que se alargan porque nadie quiere despedirse. Café que es trabajo, tierra, sudor, paciencia. Café que es Venezuela.Dije hace poco que creo más en los mínimos que en los máximos. Y hoy lo confirmé. Este lugar no pretende ser catedral ni monumento. Es un mínimo perfecto: un rincón que honra un producto enorme. Un gesto bien hecho. Una reverencia a lo nuestro.Y esto que escribo no es publicidad. Es reconocimiento. Aplausos a unos venezolanos que hacen bien lo que saben hacer, que entienden que la excelencia no necesita gritar. Y sí, pido perdón por este hallazgo ta

Fuente: El Universal — Ver nota original

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