VENEZUELA: El dilema Brasil - EntornoInteligente

Entornointeligente.com / Tal Cual / El realismo mágico ha llegado al Brasil. Una de las estampas más indelebles de Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, es una embarcación abandonada en lo alto de una montaña. Nadie sabe cómo la nave recaló en la cumbre (Un poco como el esqueleto del leopardo en un relato de Ernest Hemingway).

Pronto los brasileños no podrán recordar de dónde vienen y hacia dónde se dirigen líneas férreas, cables carriles, acueductos y otros enormes elefantes blancos que hacen pasar a los chavistas por modelos de austeridad administrativa.

Ahí está el sistema de metro en Salvador, un faraónico sistema de transporte iniciado hace diez años, durante el boom económico. El sistema nunca entró en servicio.

Luego, se gastaron 1.800 millones de dólares para construir un ferrocarril que debía atravesar 1.600 kilómetros de zonas áridas del país. Vastos tramos de la línea férrea Transnordestina en el noreste de Brasil, han sido abandonados.

El proyecto, iniciado en el 2006, desplazó a gran cantidad de personas de sus poblaciones. El gobierno no ha pagado hasta ahora indemnizaciones por las tierras confiscadas. Ahora el gobierno dice que los costos del Transnordestina han ascendido a 3.200 millones de dólares, y podría ser completado alrededor del 2016.

La ventaja que tiene el futuro es que como todavía no ha ocurrido, nadie sabe qué diablos puede ocurrir en el interín. Basta analizar las promesas hechas por los chavistas durante 15 años de gobierno.

No hay una sola que se haya cumplido. Edificios públicos diseñados por el famoso arquitecto Oscar Niemeyer, ese genio extraterreste que creó la inhabitable ciudad llamada Brasilia, donde todo prospera, menos los seres humanos, fueron abandonados apenas concluyó su construcción.

Y también existe un remedo de Macondo en ese museo de los Objetos Voladores no Identificados, construido con fondos del gobierno federal. The New York Times dijo que el esqueleto del Museo del OVNI parece ahora un buque abandonado entre las hierbas (Ver más arriba el buque descrito por García Márquez en su novela).

Y ahora que los brasileños se disponen a ser anfitriones del Mundial del Cuarto Mundo, abundan letales accidentes en la construcción de estadios y los costos han atravesado las galaxias. Algunos de esos estadios abundan en asientos, para compensar por la ausencia de traseros de los espectadores.

El diario mencionó las grandes protestas callejeras donde se denunció la construcción de costosos estadios en ciudades como Manaos y Brasilia, “cuya base de escasos fanáticos seguramente dejará un mar de butacas vacías una vez concluya la Copa Mundial de Fútbol”.

Para añadir un nuevo toque de realismo mágico al evento, el gobierno federal está construyendo sistemas de transporte terrestre y ferroviario cuyo propósito inicial era llevar espectadores a los estadios. Esos sistemas han sido planificados para ser concluidos mucho después del torneo.

BASTIÓN INVENCIBLE DE LA CORRUPCIÓN En el 2012, el alcalde de Río de Janeiro se desplazó orgulloso en un cable carril que lo llevó a la cumbre de una favela. El costo de ese medio de transporte fue de 32 millones de dólares.

Ahora, dos años más tarde, los sufridos habitantes de la favela deben usar un económico medio de transporte llamado piernas, a fin de llegar a sus hogares.

Desde que el alcalde de Río subió a la favela, hasta ahora, el cable carril no ha funcionado. Algunos señalan que debe haber sido el viaje más costoso en la historia del transporte público.

Gil Castello Branco, director del grupo “Contas Abertas” (cuentas abiertas), una organización brasileña dedicada a denunciar chanchullos administrativos, dijo al New York Times que “estamos despertando a una realidad: inmensos recursos han sido despilfarrados en extravagantes proyectos. Entre tanto, nuestras escuelas públicas siguen siendo un desastre, y nuestras calles siguen contaminadas por aguas cloacales”.

Algunos economistas han señalado que los proyectos revelan los problemas de una burocracia gigantesca, una irresponsable asignación de recursos, y una corrupción caracterizada por una inventiva inagotable.

Al parecer, el genio de los corruptos brasileños se basa en un remedo del coitus interruptus. Hay por ejemplo una red de canales de concreto para brindar agua a regiones del noreste de Brasil afligidas por constantes sequías. La red costó 3.400 millones de dólares, y debía haber sido finalizada en el 2010. El proyecto está todavía en veremos.

Luego hay docenas de granjas eólicas, cuyos sucedáneos de los molinos de viento no funcionan porque alguien se olvidó de instalar líneas de transmisión, y hoteles de super lujo en Río de Janeiro que muestran su costillar al aire, pues su construcción ha sido paralizada, y se la piensa reanudar el día que las ranas críen pelos.

La economía brasileña, tras el boom experimentado a comienzos de siglo, está en picada. En el 2010, cuando ya había perdido bastante de su vigor, registró un crecimiento anual del 7,5 por ciento.

Se estima que en el 2014 el crecimiento será de apenas un 1,63 por ciento, marcando el cuarto año de lerdo incremento del Producto Bruto Nacional. La empresa de calificaciones Standard & Poor’s bajó la evaluación del crédito brasileño indicando que ese torpe crecimiento persistirá durante varios años.

Entre tanto, la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, enfrenta una dura pelea para obtener la reelección en los comicios de octubre. En noviembre de 2013, su popularidad ascendía al 43 por ciento. En la actualidad, ronda el 36 por ciento.

La excusa de los funcionarios de Rousseff es también la que formulan otros gobiernos populistas. Los descomunales gastos públicos están justificados, dicen, porque reducen el desempleo. En definitiva,representan el gobierno del mal menor.

Tal vez el mejor símbolo de ese populismo demente está en Varginha, en el sureste de Brasil. En 1996, los residentes dijeron que habían visto un marciano. Por lo tanto, se decidió construir un museo extraterrestre. Ahora, dijo el New York Times , perros callejeros buscan alojamiento en su oxidada caparazón.

Roberto Macedo, un economista de la universidad de San Pablo, dijo que ese museo “es un insulto, tanto para los extraterrestres como para los seres terrestres que hemos debido pagar por otro fracasado proyecto”.

Con Información de Tal Cual

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