Venezuela crucificada entre Judas, por @ArmandoMartini

Lapatilla agosto 03 2026, 11:55 amPosteado en:  OpiniónCompártelo: Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn Existen incomodidades que la ética suplica evadir. La política, no es un juego de honor ni el cumplimiento de la palabra empeñada, es una batalla donde las ideas chocan y los intereses son capaces de incendiar. En esa tiniebla, la trampa y la traición no son accidentes. En Venezuela, el pedigrí histórico es de vieja data. Desde 1812, la Primera República no había aprendido a gatear y el traidor fue traicionado por su sucesor. El asesinato ritualizado de la lealtad política, como pecado original. Dos siglos después, el patrón no ha cambiado, solo encuentra nuevos apóstoles. El poder y sus abismos es un arte oscuro, que debe desentrañarse sin la hipocresía del moralista superficial, que cultiva meticuloso su fracaso a través de la liturgia del perjurio.  En la comparsa de deslealtades, el chavismo y la adversidad amable, son matices de una misma tonalidad, tiene dos Judas de la república y cobra sus treinta monedas de plata del tesoro público, bóvedas de Citgo y fundaciones extranjeras que financian lo placentero. El castrismo chavista vendió la revolución por una cleptocracia, los complacientes cedieron la democracia e hipotecaron libertades por una agencia de colocación. Y el venezolano, desesperado y atormentado espera que alguien cumpla su promesa. Suscríbete aquí para hacerle seguimiento diario al rescate de Venezuela tras los sismos El 3 de enero 2026, Venezuela se zarandeó, y el régimen construido sobre el grito de “Patria, Socialismo, o Muerte” se derrumbó, sus centinelas abrieron la puerta, y la Santísima

Fuente: La Patilla — Ver nota original

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