VENEZUELA: Andreína y la ciudad, por Francis Peña - EntornoInteligente

Entornointeligente.com / El Cambur / [pullquote] Nuestra comunicación con la ciudad por la que nos desplazamos todos los días es permanente. Cuando la atravesamos en la única compañía de nuestros pensamientos, la ciudad nos susurra, nos conmina, nos alerta, nos invita e invade nuestros estados de ánimo. Se comunica con nosotros a través de señales y de imágenes. Leerlas correctamente se vuelve una destreza vital para ejecutar a cabalidad esa aventura de salir y volver a casa cada día. De la paranoia y la lectura correcta que sepamos hacer de esa comunicación, trata esta historia acerca de un día (o un pedazo de día) en la vida de Andreína, su protagonista. Francis Peña, su joven autora, estudia Comunicación Social en la UCAB.[/pullquote]

Doce del medio día, hora pico de la ciudad.

Andreina acababa de salir de su universidad y estaba desesperada por llegar a su casa a dormir la fiesta que había disfrutado el día anterior. Su jornada estudiantil no fue tan traumática como la imaginaba. Desayuno con amigas, intercambio de miradas con el chico lindo del salón, salir temprano de la clase y todo parecía estar saliendo bien.

Su racha de buena suerte no la opacó las infinitas filas de motorizados que se le pegaban al carro cada vez que intentaba cambiar de canal, no encontró un tráfico infernal que le quitara toda la energía del alma.

Vamos, Andre, vamos que todo está saliendo bien. O eso pensaba hasta ese momento.

Minuto 1:40, “Georgia” de Vance Joy.

Andreina cantaba con todo lo que sus cuerdas vocales le permitían. Velocidad in crescendo . Un hueco en el pavimento, tan profundo como para poder llegar al centro de la tierra, la atrapa.

Se acabó la buena racha.

En una ciudad como esta, una ciudad de furia y de llamas que no se apagan con solo subir los vidrios y prender el aire acondicionado a todo dar, el pánico es el desayuno, los almuerzos y las cenas.

Una niña de 18 años sola, en medio de la nada, un carro cada vez más inútil.

Listo, aquí fue. El mundo te quiso dar una última probada de lo lindas que serían las cosas si todo funcionara.

– Coño, Dios mío, ayúdame con esta.

Andreina siguió hasta donde pudo, o hasta donde cuatro hombres vestidos de policías deciden hacer que se pare e intentan ayudarla. En una ciudad como esta no se cree en las bondades gratuitas, no se cree en las ayudas desinteresadas y muchos menos en las instituciones públicas y sus funcionarios. Pero no le quedaba otra opción: o confiaba o dejaba que el pánico se apoderara de ella.

– Tranquila, reina que hoy te encontraste con policías buenos -le oyó decir a uno de los hombres que pretendía ayudarla.

Ella los escudriñaba con la mirada, analizaba cada movimiento, cada sonrisa que detectaba falsa. Sus manos no dejaban de sudar y su celular no podía guardarse los sonidos para otro momento.

Andreina, fue bastante linda tu vida. Déjalo hasta aquí. Así como este país te dio vida, te la va a quitar. Dale, que no se te noten los nervios. Aguanta, se decía a sí misma.

Pasaron 15 minutos y los hombres no hacían ademan aparente de atacarla. Media hora después se despedía de ellos con un nudo en la garganta y una sensación de incredulidad que podía más que ella.

No pasó nada, Andre. Tuviste suerte hoy. La mala racha no fue tan mala, después de todo. No olvides que en una ciudad como esta, que no se cree en bondades gratuitas, donde el pánico cubre cada cuerpo que la transita, siempre hay una sorpresita esperando a la vuelta de la esquina.

Originally posted 2015-08-10 12:23:46.

VENEZUELA: Andreína y la ciudad, por Francis Peña

Con Información de El Cambur

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