La crisis económica en Venezuela ha alcanzado niveles críticos, obligando a los ciudadanos a buscar múltiples fuentes de ingreso para poder subsistir. La canasta básica alimentaria ha superado los 500 dólares mensuales, una cifra que resulta inalcanzable para la mayoría de la población que depende de salarios que no guardan proporción con estos costos. Esta brecha abismal entre ingresos y gastos ha transformado la vida cotidiana de millones de venezolanos, quienes se ven forzados a desempeñar simultáneamente hasta cuatro empleos diferentes para poder cubrir sus necesidades básicas.
Según el economista Demetrio Marotta, el fenómeno del «rebusque» tradicional ha evolucionado hacia una compleja red de emprendimientos digitales y servicios especializados. Aunque estas iniciativas funcionan como una «válvula de escape» temporal ante la crisis, operan mayormente al margen de la seguridad social, dejando a los trabajadores desprotegidos ante contingencias laborales. Esta informalidad predominante refleja la profundidad de la crisis estructural que enfrenta la economía venezolana y la ausencia de políticas efectivas para regularizar el empleo.
La realidad del trabajo múltiple implica jornadas laborales de hasta 14 horas diarias, lo que genera graves consecuencias para la salud mental y física de los trabajadores. Marotta ha advertido sobre el fenómeno del burnout laboral, explicando que muchas personas se «queman en el lugar de trabajo» y eventualmente «colapsan en un determinado momento», quedando completamente incapacitadas para continuar laborando. Este deterioro progresivo afecta no solo la productividad individual sino también el bienestar familiar y la calidad de vida de las personas.
Frente a esta situación crítica, los economistas subrayan la urgencia de establecer límites horarios claros para evitar que el trabajo adicional comprometa aún más el bienestar personal y familiar de los venezolanos. La sostenibilidad de este modelo de sobrecarga laboral es cuestionable, ya que eventualmente conducirá al colapso de la fuerza laboral. Sin intervenciones políticas y económicas significativas que reduzcan la brecha entre salarios y costos de vida, Venezuela continuará enfrentando esta crisis humanitaria que afecta la salud y dignidad de millones de personas.
Fuente: La Patilla — Ver nota original