Stephany Albornoz y su esposo Pedro llegaron a Estados Unidos como estudiantes internacionales con el sueño de formarse profesionalmente. Ella estudió ingeniería industrial mientras él cursaba arquitectura, pero ambos tenían claro desde los 19 años que necesitaban crear sus propios negocios. Sin embargo, ni siquiera imaginaban que terminarían dirigiendo Vía Oeste Café and Bakery, una de las panaderías más auténticas y comentadas de Doral que hoy atrae a cientos de clientes diarios.
Antes de convertirse en emprendedores exitosos, ambos atravesaron trabajos humildes que marcaron su camino. Stephany trabajó en una finca en Southwest Ranches limpiando establos y cuidando caballos, mientras que paralelamente se desempeñaba como mesera en Bocas Grill donde aprendió el trato al cliente. Pedro, por su lado, incursionó en la construcción, fue conductor de Uber y trabajó en diferentes panaderías de Miami, adquiriendo experiencia invaluable en el ramo. "Fue uno de nuestros grandes aprendizajes porque supimos lo duro que era, pero lo hicimos con mucho orgullo", recordó Stephany sobre aquellos días de sacrificio.
La idea de crear una panadería propia comenzó a tomar forma con la llegada de su hija, momento que los impulsó a construir algo más estable y duradero para la familia. Decidieron invertir sus ahorros y convertir el garaje de la casa familiar en el primer espacio de operación de Vía Oeste. Con los conocimientos adquiridos en sus anteriores empleos y la determinación de que esta sería su oportunidad, comenzaron a preparar pan artesanal siguiendo recetas que reflejaban sus raíces culturales y el aprendizaje acumulado durante años.
Hoy, Vía Oeste Café and Bakery se ha consolidado como un espacio donde el pan trasciende de ser un simple alimento para convertirse en una experiencia sensorial que comienza desde el aroma inconfundible que despierta en Doral. Entre vitrinas que exhiben manjares tradicionales, hornos encendidos y tazas humeantes, la panadería refleja la visión compartida de dos emprendedores que transformaron el caos de empezar desde cero en una receta de éxito. La historia de Stephany y Pedro demuestra que con constancia, sacrificio y una idea clara, es posible materializar los sueños incluso en un nuevo país.
Fuente: La Patilla — Ver nota original