El hecho político más importante de los últimos años en Venezuela no es que el chavismo continúe gobernando, sino que ha tenido que abandonar aspectos fundamentales de su proyecto original para mantenerse en el poder. Durante décadas, el régimen presentó el socialismo del siglo XXI como un destino inevitable que debía reemplazar definitivamente la democracia representativa, el pluralismo político y la economía de mercado. Quienes se oponían eran tachados de «enemigos del pueblo» o «agentes del imperialismo». Sin embargo, los eventos del 3 de enero marcaron el inicio de una profunda transformación política que evidencia el abandono de los pilares ideológicos que caracterizaron el proyecto durante dos décadas bajo Hugo Chávez y Nicolás Maduro.
La primera transformación significativa es de naturaleza ideológica. Durante años, la identidad oficialista se construyó alrededor del antiimperialismo, donde la confrontación con Estados Unidos constituía uno de los pilares simbólicos del proyecto político. Sin embargo, la actual relación de cooperación y negociación con Washington ha vaciado de contenido gran parte de ese discurso revolucionario. Lo que fue presentado durante años como una contradicción inaceptable hoy es defendido como una necesidad pragmática, revelando la flexibilidad ideológica del nuevo modelo liderado por Delcy Rodríguez.
El segundo cambio fundamental es de carácter económico. El estatismo que caracterizó al socialismo del siglo XXI está siendo sustituido por una orientación abiertamente favorable al mercado. La expansión de la propiedad estatal, las expropiaciones, los controles de precios y la centralización económica han sido reemplazados por políticas de liberalización, apertura a la inversión privada y flexibilización de regulaciones. Estas medidas habrían sido impensables durante los años de mayor radicalización ideológica, representando paradójicamente una admisión implícita de fracaso del modelo socialista que se prometía construir.
Esta transformación no puede atribuirse únicamente a los errores de quienes gobernaron ni explicarse exclusivamente por factores externos. La historia sería incompleta sin reconocer el papel desempeñado por millones de venezolanos que, durante más de dos décadas, resistieron activamente la imposición de un proyecto político que nunca estuvo contemplado en la Constitución de 1999. La resistencia prolongada de la población civil fue determinante para obligar al régimen a abandonar los pilares fundamentales de su proyecto original, demostrando que la derrota del socialismo del siglo XXI fue resultado de la lucha sostenida del pueblo venezolano.
Fuente: Tal Cual — Ver nota original